OPINIÓN

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CARTAS DEL TRÓPICO
13/04/2019

En una población dispersa, los gobiernos y las empresas estás en la necesidad de buscar mecanismos para acercar bienes y servicios. Desde la economía, el uso del espacio social tiene la función de conectar y focalizar el trayecto que el consumidor está dispuesto a viajar, para comprar y llevar a cabo actividades que permitan conectar con otras personas para el desarrollo de la comunidad.

Cercano al concepto de uso del espacio, está el de región económica, aunque originalmente su autor August Lösch -economista alemán-, lo pensó como alternativa a los límites geográficos, políticos y culturales en que normalmente se dividen los estados.

Lösch lo pensaba como en el contexto de un territorio dinámico, productivo, estable desde dentro, para llevar a cabo procesos económicos de desarrollo, pero de impacto social organizado que permitiera una convivencia estable.

El interés por estudiar los espacios de desarrollo sostenible en una región, no es propio de estas últimas décadas; en realidad corresponde, ya ubicándonos en el tiempo, a un proceso que se toma de las comunidades que organizó Vasco de Quiroga en Santa Fe y en Michoacán –las ciudades hospitales-, organización comunitaria con la finalidad de que las personas desarrollaran sus capacidades y así mejorar a su comunidad. Ya entrado en el desarrollo de México, esa organización comunitaria recibió el nombre de Centros Integradores.

Los Centros Integradores  llegaron a Tabasco a mediados de los años ochenta, específicamente con el gobierno de Enrique González Pedrero. El proyecto impulsó la identidad cultural, y  el aprovechamiento de los recursos naturales y humanos, con la intención de propiciar el crecimiento y desarrollo de las microrregiones.

En una década sumamente difícil, donde apremiaba organizar la riqueza que entonces existía a partir del petróleo, se buscó que las comunidades se organizaran para aprovechar el impulso los recursos podrían significar para el desarrollo económico.

UNA BASE PARA EL DESARROLLO

Dejando de lado toda posibilidad de llamarlos según las modas, se les denominó llamó en función de lo que se pretendía, que se convirtieran en comunidades en donde se integraran a partir de una estructura organizacional; que permitiera la racionalización de los recursos públicos, mejorar la atención a las poblaciones, sobre todo, porque en la década de los ochentas aparecían como comunidades disgregadas.

Los centros integradores no han perdido vigencia. El proyecto fue obstaculizado por cuestiones políticas, pero el sentido de organización comunitaria prevaleció; contradictoriamente, llegado el tiempo, la organización económica racional a partir de la comunidad, es uno de los apreciados aspectos dentro del desarrollo sostenible. En el primer mundo, es lo que más resultados favorables ofrece a una economía estancada . Rascar en el desarrollo económico de algunas países, resulta que tiene en su interior el impulso de la organización comunitaria.

Siempre se habla de un impulso a la comunidad como una mera utopía. Admiramos la unión y el trabajo  en equipo de otras sociedades, cuando en su organización económica prevalece el adecuado y eficiente manejo de una economía que integra el desarrollo social inteligente basado en el desarrollo humano. El objetivo de los centros integradores es que la población rural no tuviera que desplazarse hasta el municipio, para cubrir sus necesidades elementales. Para eso la atención se centró en la ubicación de las comunidades, sus características geográficas, los recursos naturales disponibles, y la producción.

Culturalmente se resguardaron los usos y costumbres, así como los conocimientos tradicionales. Haciendo que las microrregiones aproveche eficientemente los recursos

El hecho de que el actual gobierno –tanto el de López Obrador como el de Aán Augusto-  impulse de nuevo el desarrollo de los centros integradores, no sólo lo hace pensando en el impulso económico, sino en el segundo eje: el desarrollo comunitario organizado para sanar el tejido social. Impulsar el desarrollo en las comunidades trae consigo otro aspecto a enlazar el de la educación. Sin ella, no es posible llevar a cabo el correcto objetivo de los centros integradores; es fundamental sanar la parte social, anímica y de valores, educación e integración organizacional. Así se ayudará a mejorar el desarrollo en México, llevará tiempo, no es fácil, pero debe empezarse ya.






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