Cómo estamos formados, igual ayuda al coronavirus

Entre cada uno de ellos no existe distancia –se perdió-. Algunos fuman, otros, mueven sus brazos y empiezan a hacer gestos… se les ve desesperados

Miro una larga fila esperando. Son casi las siete de la mañana. Al menos se pueden contar unas doscientas personas para entrar a una tienda comercial o de autoservicio.

Entre cada uno de ellos no existe distancia –se perdió-. Algunos fuman, otros, mueven sus brazos y empiezan a hacer gestos… se les ve desesperados.

Es la hora. Uno a uno va entrando con bolsas en mano. Al cruzar esa puerta que se abre y cierra con el sólo sensor humano, las personas se diversifican.

Más adelante una señora ofrece dulces y cigarros, está en una esquina de la avenida Gregorio Méndez de la zona de Tamulté. A su lado un joven vende periódicos con su tapaboca colocado en el cuello, para algunos, una rara forma de usarlo.

En el parque de la misma colonia un grupo de indigentes está sentado en el suelo, platican en su lenguaje que es entrecortado, se manotean, hacen ademanes en el aire, y luego de un silencio ríen entre ellos. Uno se levanta y deja el grupo, se pierde rumbo al mercado. Ninguno trae cubrebocas.

Ayer por la mañana la secretaria de Salud, Silvia Roldán, alertó que la cifra de contagios para el mes de junio llegará a 24 mil personas, y pronostican además unas mil 200 defunciones por coronavirus. Es una proyección que sustenta un matemático de la UJAT, explicó.

A pesar de todos los llamados todavía existe una resistencia a cuidarse, ya no a quedarse en casa, porque eso pasó a la historia.

Al comentar el tema, me dicen que estamos destinados a la autodestrucción, pero creo que existe una base para ello.

Es la falta de educación y formación que tenemos, y me incluyo. Se trata de esa herencia que traemos arrastrando desde hace décadas, donde nos encapsulamos, sin pensar por un momento en esos instantes dentro de un hospital intubado, que para muchos es una simple máscara con oxígeno.

Pero no, la ventilación invasiva para el COVID-19 se hace bajo anestesia general, y consiste en quedarse 2 a 3 semanas sin moverse, muchas veces boca abajo (decúbito prono) con un tubo en la boca hasta la tráquea, que le permite respirar al ritmo de la máquina a la que está conectado. No se puede hablar, ni comer, ni hacer nada de manera natural. 

Todavía estamos a tiempo para tomar en serio el problema. El virus –aceptémoslo- es letal. No se puede volver a la normalidad todavía. Es una crisis larga. Lo mejor es protegernos, continuar buscando, incluso, alternativas para fortalecer nuestro sistema inmunológico. 

PARÉNTESIS

El psicólogo y psicoterapeuta humanista, Julio Sarracino Pérez, señaló que el personal de salud que atiende casos de Covid-19, pueden padecer desgaste profesional por empatía, derivado del estrés que manejan, además por ver cómo compañeros de trabajo han adquirido coronavirus, y por las agresiones que se han vivido contra ellos. El especialista indicó que la incertidumbre, cansancio y el estrés son los factores que pueden afectar a la salud física y psicológica de estos profesionales que están en la primera línea de batalla.