OPINIÓN

Convertir desempleo en capital; bondades del ahorro como inversión
26/01/2022

Lewis consideró a muchos países recientemente liberados del colonialismo

Fue W. Arthur Lewis, gran economista caribeño, quien propuso la conversión de  desempleo en capital, tanto físico, como financiero y humano: la conversión de la pobreza en riqueza, tema de su libro clásico, “The Theory of Economic Growth”.

Lewis consideró a muchos países recientemente liberados del colonialismo, países que tenían dos sectores segregados: el primero siendo un pequeño sector moderno con poco empleo; y el segundo contaba con una gran fuerza de trabajo no calificado con muy poco capital y mucho desempleo y subempleo en el enorme sector de subsistencia. Su solución fue concentrarse sobre el segundo sector para lograr su crecimiento con muy poco uso del factor relativamente escaso: capital, con una tasa de ahorro ascendente. Así, el país podría contar con el capital necesario para transformar, poco a poco, al sector de la subsistencia en uno moderno.

De hecho, China, India y otros países grandes, siguieron a la estrategia marcada por Lewis, y en poco tiempo lograron tasas de ahorro (casi 46% y 30%, respectivamente) muy superiores a México (el 23%).  Lógicamente con tasas de crecimiento económico también muy superiores.

AHORRO COMO INVERSIÓN

El ahorro nacional (que Sir Roy Harrod igualó con la inversión) fue uno de los dos parámetros del primer modelo de crecimiento económico elaborado por Harrod, biógrafo de Keynes, y afortunadamente maestro mío en un año sabático que tomó en la Universidad de Pensilvania.

El segundo parámetro de Harrod es la relación de Capital a Producto. Entre los dos, Harrod obtuvo la tasa de crecimiento económico, simplemente dividiendo el primero entre el segundo. ¡Así de simple!

Los grandes descubrimientos científicos casi nunca han requerido de mucho capital, pero sí de mucha inteligencia. En el tercer siglo antes de Cristo, Eratóstenes de Cyrene es probablemente el primero en estimar la circunferencia de la Tierra con solo una vara que cargaba, observando que en el solsticio de verano el Sol se ubicaba exactamente por encima de él en Syene, mientras que en el mismo día, hacia un ángulo de 7.2 grados en Alejandría, unos 700 kilómetros al norte. El resto era geometría y trigonometría. Como concluye Simon Singh: “Probó que todo lo requerido para medir el planeta era un hombre con una vara y un cerebro.”

Por ejemplo, consideren una economía (como la mexicana) con una tasa de ahorro del 20 %, y una relación de Capital a Producto (cuanto Capital se requiere en promedio para producir una unidad de Producto en promedio) de 4 ($4 de Capital para producir $1 de Producto). Entonces, la tasa esperada por el modelo citado de crecimiento económico de esa economía seria = 20% / 4 = 5%.

Por supuesto, el Modelo de Harrod no considera conductas anti–económicas en su modelo limpio e higiénico como son el robo de los ahorros por la delincuencia y su posterior exportación para disimular los rastros del robo; una conversión improductiva del ahorro en inversión o de la inversión en producto (un aeropuerto innecesario); mercados que dificultan la venta del producto; de políticas nacionales fiscales, financieras, presupuestales, monopólicas e inequitativas nefastas al crecimiento económico, y otras fugas reales (como aquellas con el exterior) en su modelo conceptual.

Pero el Modelo de Harrod sí tiene la gran virtud de decirnos qué podemos esperar de una economía como la mexicana en condiciones de manejo ideales. Nuestra realidad de crecimiento económico ha sido de alrededor del 2% anual en los años recientes, menos de la mitad de lo que el país podría lograr con mejores instituciones y políticas (y políticos, naturalmente).

Así, en realidad, requerimos ahorrar $10 de Capital para rendir $1 del PIB. No contamos con datos nacionales de nuestro acervo de capital. Sin embargo, estudiosos mexicanos como Julio López G. han considerado que la realidad podría andar en 88.

Pero, en una economía mucha más capitalizada como la estadunidense, se requiere de menos de $4 de capital para producir $1 del PIB. En 2016, el total nacional de activos fijos más bienes de consumo duraderos en los Estados Unidos de Norteamérica sumó un monto de $62.1 mm (millones de millones de dólares), mientras que su PIB ascendió a $18.6 mm, una relación de 3.39.

De esta manera, con la ventaja de contar con una economía que teóricamente requiere de menos capital para su crecimiento económico que la estadunidense, hemos estado convirtiendo una tasa de ahorro del 23% en una tasa de crecimiento económico del 2%; tal vez menos, mientras que la economía estadunidense, con mayores requerimientos de capital, convierte una tasa de ahorro menor (18%) en una tasa de crecimiento económico superior y casi sin desempleo. Claramente, la ineficiencia en convertir nuestros ahorros en progreso económico debe ser analizada y resuelta. (* México y su modelo de desarrollo, bases para pensar nuestras opciones. Centro de Estudios e Investigación del Sureste) 

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