OPINIÓN

CUENTAS Y CUENTOS
14/05/2019

Una manera de socavar las medidas para impulsar el desarrollo de un país, es que los ciudadanos actúen como marca la mala costumbre: en la inmediatez de la corrupción. Confiar a ciegas en el “pueblo” puede, y no, ser una buena opción, porque siendo sinceros, ¿cuántas personas con un poquito de ética pueden atender al llamado del señor Presidente? Pocos en realidad, implica seguir el proyecto de un hombre que quiere un cambio desde los cimientos, y eso, significa que el proyecto convence, es urgente, y se requiere. Modificar usos y costumbres, hábitos y modos de hacer, es lo más complejo.

El problema estriba en que a pocos les interesa ser éticos y leales, sobre todo si ven afectados sus intereses. Por décadas se permaneció en la inercia de la trampa, el engaño, el “agandalle”, el robo descarado, el compadrazgo aceptado, y de la suma de todos los medios metidos en una misma bolsa. Ya sea para controlar a la masa o para mantener el sistema. Alguien escribió que la corrupción, el compadrazgo, el cuatismo, no era el problema del viejo sistema, sino una garantía de supervivencia. Capitalismo de cuates, han dicho otros.

El comentario inicial es tan extendido, porque en un medio local se dieron a conocer los casos de corrupción  que algunas personas con negocios (de medio pelo, seguramente) que se inscribieron en el programa “jóvenes construyendo el futuro”. Se han dedicado a robar descaradamente con la anuencia de los ciudadanos jóvenes, porque para “mocharse” con una lana, se necesita de dos: uno que confabule y otro que acepte. Le “hallaron la vuelta” a un programa que puede ser noble. Al coordinador o los coordinadores le “pasaron la rata por los ojos”. Puedo decirle, estimado lector, que no es sólo la denuncia hecha ayer por la radio; en los cafés y en las tertulias ya se comentaba el tamaño del fraude.

Penoso sin duda, y no es cuestión aquí de pensar que el presidente Andrés Manuel López Obrador es un ingenuo. Más bien hay personas desagradecidas, pues un proyecto que tiene como finalidad resolver el desempleo al que se enfrentan algunos egresados de universidades, o bien de gente que no tiene empleo, y por su juventud, no les es posible cubrir el requisito de experiencia y capacitación, se ejecutó dicho programa social. La buena intención era y es romper el círculo vicioso de la falta de experiencia técnica o profesional.

Bajo el lema de “Por el bien de todos, primero los pobres”, se encierra un fuerte mensaje que pocos han puesto bajo análisis y comprensión. Algunos han usado en esta guerra desatada de desinformación y de encono por parte de quienes no han resultado favorecidos en este proceso de desmantelamiento del anterior régimen. “Jóvenes construyendo el futuro” es un programa social en el que participan adolescentes, futuros ciudadanos o ciudadanos que apenas comienzan como tales, y claro que permitiendo esos “moches”,  se cierran a sí mismos toda posibilidad que un buen empleador, serio, responsable con su empresa y su personal, les reciba en su negocio. Lo importante es denunciar, y sobre todo, que quienes incurran en esos casos de corrupción paguen el precio de continuar en el mismo esquema.  Borrón y cuenta nueva, dijo AMLO; esto quiere decir que comenzando el nuevo régimen consideraba posible la regeneración, el cambio de actitudes.

Es fácil criticar un gobierno que inicia. Se le exige al actual mandatario lo que en el pasado a ningún otro; más bien se les soportó, y con sonrisas complacientes a todo se dijo que sí, volteando la cara para otro lado. Es conocida la conseja popular de que “no importa que agarren, pero que salpiquen”. Y así se construyó una cultura de la simulación y la trampa.

Nadie advirtió que el proceso de transformación de un país lleva tiempo, y como asumen algunos comprometidos: todo tiene un precio y hay daños colaterales. Hace falta mucha jiribilla y carácter para demostrar que también se puede ser honesto, pero ya vimos que aún quedan inercias qué combatir, y costumbres qué traer abajo. Como decía mi abuelita: “ perro que come huevo, la maña nunca la deja”. Eso sí, pero hay bozales.

SUMAS Y RESTAS

También, se cuenta y es cierto, hay malos manejos en los programas de siembra de árboles y de crédito ganadero. Las historias corren como el agua en estas tierras. ¿Quién les pondrá la lupa?, ¿se puede hacer algo distinto con los mismos?





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