¡DESCANSA EN PAZ "CACHI"!
19/02/2026
Cachi
Recordar es volver a vivir.
Proverbio.
En días pasados falleció un compañero de secundaria y preparatoria al cual todos lo conocíamos con el mote de "Cachi", inclusive sus familiares, comenzando con su padre, quien fue Procurador de Justicia del Estado en dos ocasiones. Ambos llevaban el mismo nombre, Pablo Antonio García Félix y Pablo Antonio García Ávalos. Con los dos me llevé estupendamente, pero profesionalmente conviví más con el padre.
Hace algunos días recibí una llamada telefónica del ingeniero Jorge Adalberto Pérez Cruz (quién a la vez había sido informado por el ingeniero Jorge Fernández Ramón), para pedirme que lo acompañara al velorio de "Cachi". Reponiéndome de la desagradable e inesperada sorpresa de la noticia naturalmente acepté y acudimos al velatorio del IMSS para despedir a nuestro amigo. Allí encontramos a Roberto Osorio Priego, otro excondiscípulo, y los tres estuvimos recordando anécdotas estudiantiles de nuestra Generación 1953-1958.
"Cachi" destacó como abogado especialmente en Derecho Laboral con más de 50 años de experiencia como litigante, brindando asesoría en trámites legales relacionados con empresas, trabajadores y patrones. Por cierto, a mí siempre me llamó la atención por qué no quiso ser el notario público sustituto de su padre, cuando este último ocupó cargos públicos. Considero que hubiera desempeñado una buena función en ese ramo.
También rememoramos cuando cubría la primera base en el equipo de beisbol en nuestra época estudiantil. Como era alto y espigado pegaba unas grandes zancadas, aunque no era muy ágil para correr.
Me parece que su señora madre era parienta de la actriz María Félix, sin que ello me conste. Ella era una persona muy amable y recuerdo muy bien que el domicilio de su familia se ubicaba en la esquina de la avenida Francisco I. Madero y la calle Lino Merino.
Retomando el tema del ambiente estudiantil, todo ello ocurría en los pasillos del glorioso Instituto Juárez y sus alrededores como eran la pequeña tienda "La Atómica", propiedad del popular Audomaro Martínez, (a) "El Guao", la lonchería "El Submarino", que todavía existe, pero ya no con el ambiente de centro de recreación sino ahora como una popular cervecería. Ahí consumíamos unos sabrosísimos empanizados, sopa de ajo o de cebolla, etc., cuando vivía su fundador don Juan Antonio Sánchez Ramírez. Uno de sus clientes asiduos era el caballeroso Manrique Bravata.
"La Atómica" y "El Submarino" como es de suponerse se llamaban así porque durante la Segunda Guerra Mundial se inventaron ambos artefactos bélicos de triste memoria. También un lugar concurrido por la juventud estudiantil era el hogar de don Pancho Montuy quien tenía cuatro hijos, si no mal recuerdo, eran tres varones: Vitalio, que fue un condiscípulo muy destacado por ser un estudiante muy aplicado y otros dos de los que escapan a mi mente sus nombres, así como una muchacha cuyo apelativo también olvidé. Allí nos reuníamos diariamente tanto los estudiantes del turno matutino como el vespertino y nos obsequiaba, aunque fuera un vaso de agua, cuando le agotábamos su despensa porque el señor era muy espléndido. Por cierto, presumo que conmigo persistió la amistad hasta sus últimos días, pues ya habiéndome titulado siempre pasaba a saludarme a mi despacho profesional y recordábamos aquellas inolvidables vivencias.
Antes de terminar estas líneas, quiero hacer mención de otra persona (sólo sabíamos que se llamaba don Ismael y que tenía grandes sentaderas), que vendía unos helados riquísimos, que vivía en la calle Peredo. Todas las tardes pasaba frente al Instituto Juárez y tenía que hacer una escala forzosa porque allí le consumíamos gran parte de su producto y luego continuaba su recorrido por toda la calle 27 de Febrero hasta llegar a su lugar acostumbrado y estacionaba su carreta de dos ruedas conteniendo varios botes de aluminio con helados de diferentes sabores. Nos decía que él mismo elaboraba sus barquillos de harina de arroz. Eran también sabrosísimos. Su recorrido terminaba hasta llegar a una de las esquinas del antiguo y tradicional Hotel Regis en el cruce de la avenida Francisco I. Madero y la calle Rafael Martínez de Escobar, donde ya su clientela sabía que ahí lo encontraba.
Todo lo relatado anteriormente se debe a que "Cachi" también disfrutó de todos estos pormenores a que hago alusión. (Feb. 11/26).
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