OPINIÓN

DÍA CON DÍA

Diputados: el fraude del día siguiente
23/07/2020

Las mayorías fabricadas por Morena y sus aliados en la Cámara de Diputados no solo violan la Constitución, también alteran el veredicto democrático: son un atentado contra la voluntad real de los votantes.

Las cifras son así: Morena y sus aliados recibieron 43. 6 por ciento de los votos en la elección de diputados. El resto de los partidos, hoy de oposición, obtuvieron  56.3 por ciento de los votos, una clara mayoría absoluta.

Pero en el mes de septiembre de 2018, luego de las maniobras de Morena y sus aliados, al instalarse la Cámara, los otros partidos se habían vuelto minoría: tenían solo el equivalente a 38.4 por ciento de las curules, contra el 56.3 por ciento de sus votos recibidos.

Morena, en cambio, se había vuelto la mayoría absoluta, con 51 por ciento de las diputaciones, habiendo obtenido solo el 37.25 por ciento de los votos.

La coalición Juntos Haremos Historia, por su parte, había recibido 43.6 por ciento de los votos, pero tenía el 61.6 de las curules. Morena y su coalición les habían arrebatado a los otros partidos la mayoría que les dieron los votantes y los habían vuelto la minoría que son hoy.

Se consumó así, en sentido estricto, un fraude a posteriori, un fraude hecho después de las elecciones: el fraude del día siguiente, una alteración radical de la voluntad de los votantes luego de que se emitieron y contaron los votos.

Apenas pueden exagerarse las consecuencias de esta manipulación para el ejercicio de gobierno de los últimos años.

A través de la captura fraudulenta de la Cámara de Diputados, el nuevo gobierno se hizo de un poder que en estrictas cuentas no le dieron los electores.

Hay espacio para cuestionar la legitimidad de este poder, alcanzado fraudulentamente y ejercido sin recato por el Ejecutivo en muchos ámbitos. Desde luego, para cambiar la Constitución con menores resistencias en el Congreso y para aprobar leyes secundarias, de mayoría.

Sobre todo, para tener manos libres en la asignación del presupuesto, cuya aprobación por mayoría absoluta (50+1) es facultad exclusiva de los diputados.

El pueblo de México no entregó la Cámara de Diputados al Ejecutivo. Ese fue un regalo de sus plomeros electorales.




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