OPINIÓN

El nuevo matriarcado
26/11/2021

De los 17 municipios, en ocho gobiernan alcaldesas y en nueve alcaldes varones. Sin embargo, las mujeres gobiernan sobre el 62% de la población, incluyendo los municipios con mayor cantidad de habitantes como Centro y Cárdenas, a los que se suman: Paraíso, Jalpa de Méndez, Nacajuca, Centla, Teapa y Balancán. Tienen cobertura en todo el territorio estatal con presencia en las dos regiones Grijalva y Usumacinta y en cada una de las 5 subregiones como Chontalpa (Cárdenas, Paraíso y Jalpa de Méndez); Centro (Nacajuca y Centro), Sierra (Teapa), Pantanos (Centla) y Ríos (Balancán).

Hay cobertura territorial y ubicación estratégica para pensar que en el nuevo periodo administrativo, el número de municipios gobernados por mujeres puede ser mayoría. Habrá que esperar el desempeño de las ocho alcaldesas al frente de los cabildos y algo se visualiza en estos primeros 30 días de gobierno.

Sin embargo, no está oculto que gobiernan municipios con pobreza e inseguridad, y donde deben priorizar sus acciones para que con su percepción natural, sean más intuitivas y traten de incidir en la raíz de los problemas, aquella que como los icebergs, no se ve y está oculta, regularmente en el seno familiar.

Quizá haya que pensar como mujeres y buscar el fortalecimiento de principios y valores en el hogar y trabajar en el diseño de políticas públicas para llevar programas específicos a las comunidades rurales e indígenas, y a las colonias urbanas que les tocó gobernar.

En estos meses de planeación que viven los ayuntamientos, esperemos ver en todos los Planes Municipales de Desarrollo -al estilo de AMLO-, políticas públicas para el fortalecimiento de los vínculos de amor y de esperanza; planes con incidencia en el tejido social de su territorio y una cartera de proyectos al menos a 10 años, como lo permite la legislación estatal en la materia o una visión prospectiva a 12 años (2030) o de 25 años (2044) como en la planeación estatal.

Hay quienes están mostrando que gobernar es embellecer y que los ciudadanos se den cuenta que se está cambiando a un ritmo vertiginoso. Obras olvidadas, calles abandonadas, inmuebles destruidos, son parte de la agenda de gobierno municipal en estos primeros días de gobierno. Y eso está bien, pero ¿y cómo se trata la raíz de todos los males?

Por eso, el matriarcado debe mostrar cómo se gobierna un pueblo desnutrido y con hambre, sin acceso a la canasta básica y sin empleo, enfermos y sin acceso a esquemas de salud, carentes de amor, llenos de rencor y con grandes problemas al interior de los hogares por el confinamiento de la pandemia.

Reconsiderar que la lentitud, es un movimiento valioso en temas como los procesos culturales, de identidad e integración familiar. Enfocarse más al bienestar social. Y además se contribuye con la Agenda 2030 y el ODS 2, cuyo propósito es poner fin al hambre y la malnutrición a más tardar en 2030.

El Plan Nacional de Desarrollo del Presidente Andrés Manuel López Obrador, fue un parteaguas en la planeación, pasó de un lenguaje oscuro a uno concreto y particular; del discurso que ocultaba a uno transparente, y lo hizo en apenas 64 páginas. Contrario a los otros planes sexenales de centenares de páginas y un cúmulo de tecnicismos. Ahí se habla del amor a la familia y de la esperanza y a diferencia del Plan anterior, se menciona por primera vez la Ética y se enfatiza en la confianza. Ahí están la "Cartilla Moral" de Alfonso Reyes editada en 1952 y reimpresa en 2018 y la "Guía ética para la transformación de México" elaborada por un grupo de especialistas y publicada por el Gobierno de México en 2020. (* Integrante activa del Colegio de Administración y Políticas Públicas de Tabasco)  



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