El reto del 2021
29/12/2020
Concluye un año que todos quisiéramos dejar en el olvido, por las dificultades, sacrificios y enormes pérdidas que significó. Fue un año que se llevó planes, sueños, aspiraciones, patrimonio, ingresos y, en muchos casos, vidas y seres queridos. Un año que a casi todos obliga, en uno u otro sentido, a reiniciar casi desde cero, como si estuviéramos en la puerta de un mundo completamente distinto al que conocíamos. Será un mundo de reinvención y de muchas incertidumbres.
Pero, precisamente, los problemas vividos en 2020 y los retos del tiempo que se avecina obligan a no olvidar, pues este año también dejó al descubierto debilidades y carencias, errores y, como siempre, las fortalezas que han permitido al pueblo mexicano resistir, una vez más, dificultades de gran dimensión.
El mayor reto que tenemos para el año que empieza somos nosotros mismos: como ciudadanos, tendremos la oportunidad y la obligación de reponernos, de reflexionar y de decidir, a través de la participación electoral, los cambios y el rumbo que ha de tomar el país. A través de la elección de nuestros mejores hombres y mujeres, podremos marcar y exigir al poder público las acciones que serán indispensables para que México pueda encontrar luces en el camino que transita.
Los retos son múltiples y de gran calado. Es indispensable consolidar una estrategia clara y definida en el combate de la última fase de la pandemia, que, según los especialistas, será la más apremiante y complicada de gestionar. Será indispensable, en ese sentido, exigir que las autoridades sean claras y asuman completamente su responsabilidad, sin permitir que las medidas que se adopten sean contaminadas por el fervor de la propia competencia electoral. Y habrá que demandar que se destierre cualquier posibilidad de negligencia y de corrupción en la campaña de vacunación que se tendrá que realizar y que la misma sea sujeta a un proceso democrático de amplia participación, para que no haya exclusiones ni privilegios en su implementación.
En lo económico, la urgencia de la reactivación exigirá la reformulación de reglas, con ideas nuevas capaces de solucionar una crisis de características inéditas, evitando la reedición de recetas que, en el pasado, crearon sus propias crisis. De manera esencial, tendrá que reconocerse que es indispensable una gran inyección de confianza para la inversión privada, nacional y extranjera, de manera que se conviertan en motores de nuestra recuperación. Habrá que buscar que la inversión pública sea adecuada pero, sobre todo, que el gobierno genere y preserve las condiciones para que el capital privado pueda participar de manera vigorosa y decidida.
Será necesario demandar, de manera más apremiante que nunca, acciones que garanticen, en todos los ámbitos, nuestra seguridad. Seguridad económica, para propiciar la recuperación de los ingresos. Seguridad social, para rescatar el enorme daño sufrido por los más necesitados. Y, en forma muy importante, seguridad pública, para prevenir que la crisis no desemboque en la destrucción del tejido social.
En lo político, deberán rescatarse las formas democráticas de ejercicio del poder: aquéllas que permitan el diálogo de todos los puntos de vista, que privilegien la negociación y el encuentro de puntos comunes por encima de la polarización y la descalificación del adversario. Deberá recordarse que nuestra democracia se ha fortalecido con la consolidación de nuestras instituciones, pues ellas son las que permiten la participación de toda la sociedad y evitan que el ejercicio del poder público se convierta en un monólogo sordo y autoritario. Para ello, será fundamental fortalecer los contrapesos necesarios para que el poder esté, ahora más que nunca, al servicio de los ciudadanos.
Y si, al menos, una lección hemos de reivindicar este año, será indispensable optar por quienes demuestren contar con la capacidad y experiencia para gestionar las emergencias con las que la naturaleza nos ha golpeado, así como para tomar las acciones necesarias para prevenir daños similares en el futuro. Lo mismo para tomar medidas adecuadas y equilibradas en el caso de una contingencia sanitaria, que para resolver y prevenir una inundación, esas capacidades tendrán que ser requisito indispensable para la administración gubernamental.
Los retos para la reactivación requieren, en suma, un gran pacto. Un pacto que, más allá de diferencias ideológicas, abra la puerta, como nunca, al planteamiento serio de propuestas que se transformen en medidas y acciones contundentes. Un pacto que, en nuestra muy amplia diversidad, rescate lo que tenemos en común y lo convierta en fortalezas. Un pacto que dote de legitimidad y liderazgo para coordinar a todos los sectores de la sociedad. Que no excluya ni descalifique a nadie, ni desde el poder, ni desde fuera de él. Que se proponga y se desarrolle sin sectarismos ni polarizaciones. Tendría que ser un pacto en el que, incluso, queden atrás viejos desencuentros y permita el reencuentro de quienes alguna vez se asumieron adversarios. Un gran pacto, en fín, que privilegie, real y verdaderamente, el interés general por encima del interés de grupo.
Los ciudadanos tendremos la oportunidad, en las urnas, de impulsar ese gran pacto, para que sea un pacto construido desde la sociedad. Solo así gozará de la fuerza y legitimidad que requerirá. Que sea ese el mandato que exprese este año la voluntad popular. Es por nosotros mismos. Es por México.
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