OPINIÓN

El tirol, naturaleza y folklore
20/11/2020

En tiempos difíciles la memoria ayuda. Les platico. Aquel año  atravesamos los Alpes y  pasamos de  Garmich-Partenkirchen, en la Baviera alemana, al Tirol austriaco. Llegamos en nuestro tren a su capital Innsbruck , en el valle del Inn,  afluente del Danubio , y que literalmente quiere decir "puente sobre el Inn". Escogimos un hotel que nos gustó, y el taxista nos llevó fuera de Innsbruck, a media ladera, a un pueblito que fue Villa Olímpica, Igls, algo verdaderamente idílico, que Marta no ha podido olvidar.

El Inn, nace en los alpes suizos, drena y transcurre en un hermoso valle en medio de impresionantes montañas, entra en Alemania donde lo llaman Salzach, hace frontera entre Alemania y Austria  y finalmente desemboca en el Danubio. Antes de esta confluencia, en el pueblo de Braunau, del lado austriaco, nació el tristemente recordado Adolfo Hitler.

Después de registrarnos, bajamos a comer, el restaurante muy bonito con un gran ventanal, y el capitán nos preguntó que cual mesa nos agradaba, y señalé una pegada al ventanal. Cuando regresamos a cenar, nos sentamos  en  otra mesa, e inmediatamente el mesero nos fue a decir que nuestra mesa junto al ventanal estaba reservada para nosotros, y fue la mesa que ocupamos durante toda nuestra estancia. Aquí los meseros te quieren sentar en las mesas que ellos quieren.

Del parque del pueblo arrancaba una cabina a la montaña  Patscherkofel  y mi pequeño hijo quería que nos subiéramos y yo le dije que no, pero al insistir, reflexioné que no debía dejarle la imagen de un padre timorato, y nos subimos. Pero fue el caso de que la cabina llegaba a una estación de esquí, y para la cima había que abordar, montados en unos fierros que pendían de un cable  a modo de silla y empezó a lloviznar. Le gritaba a mi hijo, agárrate bien, y con estos temores llegamos a la cima, que fue una fiesta pues empezaba a nevar, espectáculo  que nunca habíamos vivido. El regreso ya fue sin sobresaltos, y de allí en adelante nos subimos a todo.

Algo para recordar también de Igls  es su bella iglesia de una torre, dedicada a apariciones marianas,  en la que todo brillaba, perfectamente pintada y decorada, en los casilleros traseros de sus cómodas bancas pequeños libros de rezo, como nuevos, y todos los servicios eran muy ordenados y repartían información y programas de los mismos.

Innsbruck es una bella y señorial ciudad, capital del Estado federado de Tirol. El Inn transcurre en medio de paisajes y montañas espectaculares, de allí son los emblemáticos trajes tiroleses y gran parte del folklore de Austria.

Al terminar la Primera Guerra Mundial cayeron cuatro imperios: el alemán, el austriaco, el ruso y el otomano. Cambiaron muchas fronteras. Muchos pueblos quedaron divididos. Al incorporar a Italia el Trentino, perdió Austria medio Tyrol, que se volvió italiano aun cuando en gran medida conserva sus tradiciones, su gastronomía y la misma lengua alemana.

Después de días para recordar en Igls, recorriendo Innsbruck y sus alrededores,  continuamos nuestro viaje por la antigua ruta del Brennero, la que con mayor facilidad comunicaba Italia con Europa. Pero las emociones no fueron menores al cruzar una enorme barranca con unos impresionantes  puentes conocidos como "el puente de Europa".

Y subiendo hacia y después bajando del paso Brenner en alemán, Brenero en italiano, entramos a uno de los paisajes más espectaculares y  bellos del mundo, un fiesta de mil tonalidades de verdes, un halago al espíritu y una postal para  la memoria. Así llegamos a Bolzen, en alemán, Bolzano en italiano, la capital del Tyrol italiano, para continuar a Trento, bordeando  su emblemático lago para ya en la planicie, virar al oriente rumbo a la romántica Venecia. Compartimos estos recuerdos para maravillarnos del mundo.




DEJA UN COMENTARIO