En Defensa de los Educadores
07/01/2022
Esta inadmisible y grosera descalificación del personal de la educación del país debe ser rebatida categóricamente
Días atrás, el empresario Ricardo Salinas Pliego agredió de manera por demás bárbara a los educadores del país. Lo llamó “huevones” porque durante la contingencia han estado realizando su labor en línea y posteriormente los acusó de “rateros, corruptos e inmorales”. Esta inadmisible y grosera descalificación del personal de la educación del país debe ser rebatida categóricamente. Lo hago aquí a través de varios argumentos.
Uno.- A través de ese deplorable discurso, Salinas pretende volverse protagonista en el debate suscitado a raíz de la determinación de la SEP de volver a clases presenciales, en medio de esta cuarta ola de contagios de Covid-19 y convertirse en el agente que lo define. El asunto reclama algo más que autoritarismos y descalificaciones. Es necesario ponderar que buena parte de los educadores han recibido vacunas cuyo nivel de protección es bajo y prácticamente nulo ante la variante Ómicron. Además, una buena parte de la población estudiantil, especialmente, quienes asisten a primarias y secundarias, aún no ha sido vacunada. Levantar el tono de la voz con semejantes improperios no persigue sino dejar de lado, e invalidar, argumentos como éste, que complican una decisión, tomada supuestamente a favor de los estudiantes.
Dos.- Ricardo Salinas ignora que a lo largo de estos casi dos años que los educadores y los estudiantes han estado conectados en línea, el proceso de enseñanza aprendizaje se ha vuelto mucho más completo y complicado. Enseñar en línea no significa nada más encender la computadora y hablar a y dialogar con los estudiantes desde casa. Ricardo imagina a los profesores instalados cómodamente en sus hogares, consumiendo tiempo para dar por terminada la clase y disfrutar del tiempo restante con la familia. Si por curiosidad conviviera un día con una persona dedicada a la docencia, de cualquier nivel, vería que la labor de los profesores, desde casa, es algo muy distinto. La enseñanza en línea reclama más trabajo por parte del docente porque la virtualidad exige nuevas técnicas de enseñanza, técnicas que para la mayoría eran desconocidas y que tuvieron que ser aprendidas sobre la marcha durante esta contingencia. Los materiales empleados para apoyar la enseñanza virtual son por entero diferentes a aquellos empleados como soporte de la enseñanza presencial; los educadores deben invertir más tiempo en su diseño y elaboración que el que ocupaban anteriormente, en el modelo presencial. En una clase presencial, el profesor está alerta sobre las señales que sus grupos emiten a través de sus comportamientos y lenguajes corporales. En la clase virtual, la capacidad interpretativa del profesor se reduce sustancialmente, especialmente en niveles educativos en los que los estudiantes optan por participar con cámaras apagadas. De esa manera, el trabajo se vuelve más complicado y pesado para el docente. Por si fuera poco, ahora los profesores no solamente deben ocupar tiempo en sus clases en línea, sino que deben preparar largos y detallados informes de sus actividades para las burocracias educativas que asumen, como Ricardo, que la enseñanza virtual es una pérdida de tiempo.
Tres.- Estudios realizados a través de la pandemia han demostrado que el trabajo en línea es más desgastante que el presencial. No son pocos los educadores que han sufrido depresión por el aislamiento y la sobrecarga de trabajo. Muchos de ellos viven no solamente temerosos de perder el trabajo, sino que también se sienten agobiados por la inseguridad respecto del futuro de sus relaciones laborales. Ni qué decir del agotamiento emocional que muchos de ellos han manifestado. Y encima de todo, un empresario como Salinas Pliego, quien probablemente no ha impartido alguna vez un curso en su vida, los tilda de rateros y corruptos.
Cuatro.- El trabajo en casa terminó por borrar la endeble división que existía entre lo público y lo privado. Los educadores han transformado sus hogares en oficinas y salones de clase, lo que no sólo ha deshecho los horarios de trabajo sino que ha modificado muchas de sus rutinas domésticas. Recordemos la viralidad que obtuvo en redes sociales un video en el que una profesora fue violentada por su esposo. Habría que preguntar a los profesores activos acerca de los diferentes procesos que han tenido que atravesar en esta redefinición del trabajo didáctico.
Cinco.- Es grave que Salinas Pliego recurra a la retórica cotidianamente empleada por el presidente para descalificar a quienes no están de acuerdo con él. Acusar a los educadores del país de rateros y corruptos no tiene otra intención que clasificarlos como enemigos de la nación. El hecho no sólo destruye con grosería y autoritarismo el tremendo esfuerzo de los docentes para adaptarse a las nuevas condiciones de trabajo para continuar con una de las labores sociales más importantes y nobles, sino que abona en el creciente desprecio hacia la educación y la formación de jóvenes para construir un mejor futuro. La verdadera transformación de un país se consigue a través de la educación. Un nuevo proyecto debería poner especial interés en ella acrecentando significativamente la inversión en las instituciones educativas para que cuenten con mejor infraestructura, sus docentes reciban mejores salarios y reciban una mejor capacitación y los estudiantes puedan estar mejor informados, formados y desarrollen toda sus capacidad creativa.
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