OPINIÓN

EPIGMENIO IBARRA

En México hasta el mundial se transforma.
02/07/2026

Fútbol

No sé nada de fútbol. Nunca he sido aficionado a ese deporte que a tantos millones de personas apasiona.

Es tal su poder de atracción, son tan incontenibles las emociones que ese juego desata, que en 1969, hasta un conflicto armado entre Honduras y El Salvador provocó.

Unos años después en este último país atestigüé como, en medio de una guerra que duró 12 años y que se libró sin tregua, guerrilleros y soldados cesaban el fuego cada vez que la selección nacional jugaba un partido decisivo.

Cuando la pelota rueda el mundo parece detenerse. Yo mismo a Hugo Sánchez y al fútbol, que no me gusta, le debo la vida.

Sucedió allá en Los Balcanes, en la tierra de nadie, cuando intentábamos llegar a Sarajevo y ante lo que pintaba para ser una ejecución sumaria.

"¡México! ¡Hugo Sánchez!" exclamó uno de los combatientes bosnios que, nos habían capturado y se preparaban para disparar, al ver el pasaporte que yo presentaba como si fuera un escudo, con mis dos manos frente al pecho.

Una pausa se produjo, los ánimos cambiaron, se abrió un espacio para negociar, el "pentapichichi" -ahí me vine a enterar lo que eso significaba- nos salvó.

El fútbol pacifica o enfrenta, alivia o enferma, construye o destruye.

De ese enorme poder, de esa ambivalencia, inclinando la balanza hacia el caos, quisieron aprovecharse los ultraderechistas en México para intentar un golpe de estado ante más de 1800 millones de televidentes.

Fracasaron.

Y es que aquí, donde lo inédito se produce, hasta el mundial; ese enorme negocio, concebido para ser disfrutado en los estadios por las elites y explotado comercialmente por las grandes marcas y las televisoras, se transformó.

Que todo el mundo pudiera ver los juegos fue la consigna; popularizar, democratizar el torneo, garantizar el derecho a disfrutarlo alegre y colectivamente el propósito.

Millones de personas decidieron hacer a un lado al televisor que tienen en casa y salir a las avenidas, calles y plazas de muchas ciudades donde se colocaron pantallas gigantes.

El mundo ha visto -en este enorme escaparate- al México real; ese que, gracias a la paz social, a la dignidad recuperada y al clima de libertades existente, disfruta y padece apasionadamente los juegos -así se vive este deporte- y abraza y se deja abrazar por las y los visitantes extranjeros.

Pasará la tregua futbolística y la derecha que, ahora cifra sus esperanzas en que Trump cancele el T-MEC, seguirá apostando, con la obcecación suicida que la caracteriza, a que el país se hunda pero esta goliza no se la quitará de encima jamás.

@epigmenioibarra

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