OPINIÓN

Gobierno, modelos de organización y ajustes
12/07/2018

Tal vez el momento histórico y las circunstancias políticas actuales son para meditar y analizar, asumiendo una actitud moderada y colaboracionista... Desde el punto de vista ciudadano y al margen de intereses y pensamientos airados, es importante asumir la conducta de la gente de los grandes pueblos. Esa que aparece luego de tocar fondo, que es empujada positivamente por una especial razón, que llama a reconstruirse sobre lo que haya quedado luego de derrotas o gloriosas victorias políticas. Las contiendas electorales no son guerras políticas, ganar o perder los comicios corresponde a la aplicación de estrategias legales, donde se valora la formación y calidad de los candidatos, el prestigio e imagen de los partidos. Entre otros elementos sustantivos.

Luego de las elecciones del primero de julio, ha llegado el momento de armar equipos y negociar cargos, pero también de revisar el archivo histórico de los mejores proyectos que se han emprendido y que en su momento han respondido a las expectativas como ejemplos de organización y compromisos de gobierno. Hablo por supuesto de los Centros Integradores (CI). De los planes agropecuarios Chontalpa y Balancán – Tenosique. La regionalización de la entidad en 4 partes: Centro, Chontalpa, Ríos y Sierra. Otra forma conocida por su producción son los municipios. Las principales ciudades con su potencial turístico, comercial, creativo, de negocios. Y para darnos cuenta de la rentabilidad de sus economías, solo tendremos que evaluar el nivel socioeconómico de la gente.

Para enfrentar el reto que representa crecer en las zonas rurales, es importante revisar el modelo de los Centros Integradores desarrollados durante el gobierno del maestro Enrique González Pedrero. Me cuentan que el gobernador electo Adán Augusto López Hernández ya se ha tomado su tiempo para revisar esa estrategia, quizá con la intención de retomarla como la forma de organización municipal que enlace al municipio con las zonas actualmente rezagadas y parcialmente incomunicadas como por ejemplo en Quintín Arauz y Chilapilla en Centla; los Aztlanes y Bitzales en Centro, donde se tienen pendientes que van desde infraestructura de salvamento contra inundaciones, hasta la falta de carreteras transitadas todo el año, médicos y medicinas en centros de salud.    

Los Centros Integradores de los años 80, en algunas partes cumplieron la función de arraigar la gente al campo y enlazar a las comunidades con los servicios municipales mediante carreteras y puentes transitados todo el año. En otras crecieron y terminaron como poblados, villas y ciudades dotadas de infraestructura, que al crecer su población, también creció el comercio y los negocios como sus signos positivos.

Pero poco a poco fue expulsando la gente joven hacia las ciudades, en un éxodo permanente que no se detiene y que genera el abandono del sector primario. Dos líos de planeación enlazados que los candidatos en campaña se comprometieron a resolver, y que si bien no es posible atender desde la perspectiva del modelo del Centros Integradores, es necesario empezar a crear otro y desarrollarlo.

¿Pero porque se propone retornar a esos modelos? La respuesta es sencilla en el sentido que cumplen las funciones de acercar los beneficios y la infraestructura a la gente, y les permite producir y vivir tranquilamente lejos de las ciudades. Pero no solo eso, sino que cumplirían la función de producir alimentos y explotar racionalmente los ecosistemas.

La misma observación se hace con los planes agropecuarios, la definición de regiones y las características de las ciudades.

No todo es utopía y política.





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