OPINIÓN

NOTA BENE

Iniciada la campaña puede ocurrir cualquier cosa
17/04/2018

Lo del inicio de campaña fue un reto. Se trataba de enseñar públicamente el musculo. Adán Augusto López Hernández, de MORENA, en la tierra de su mentor, Tepetitán, Gina Trujillo del PRI en Cangrejopolis en Paraiso y el PRD con Gaudiano a lo seguro, en Huimanguillo. Los perredistas prefirieron salir a tocar puertas a juntar a una masa humana. Y el independiente Jesús Alí hizo un buen intento en el parque Juárez de Villahermosa, aunque insuficiente, pero habrá que tenerlo en cuenta. En definitiva la jornada del domingo confirmó lo que ya se sabía: La elección para gobernador/a en la actualidad no tiene dueño y puede ocurrir cualquier cosa: Gina Trujillo, la única que llenó sin acarreados, puede ganar y Adán Augusto López está muy arriba en las encuestas. Los dos parámetros principales que abordan los candidatos a la gubernatura son la inseguridad y el desempleo y es cosa del cuerpo electoral creer quien tiene la capacidad para resolverlos; uno u otra candidata. Son los puntos cardinales sobre los que va a girar esta contienda. El electorado se ha informado como nunca, por más humilde que sea y está demostrando que se puede ser pobre pero no "pendejo". ¿Qué será de todo esto?, que dijo aquel poeta agonizante mientras se llevaba una mano al pecho. Como siempre será el dinero el que defina esta elección. Llamaba Papini al dinero estiércol del diablo. Se refería al gran dinero, no al que ganan con desproporcionado esfuerzo la mayoría de los trabajadores, que ese no llega a estiércol y se queda en cagarruta. El poderoso caballero sigue siendo el amo del mundo. Otro escritor, el desdichado y arbitrario León Bloy, para vengarse de él, mejor dicho de su ausencia, nos dio una pista para indagar la opinión que Dios tiene del dinero: no hay que fijarse más que en la gente a quien se lo da en esa ofensiva abundancia. El dinero permitirá llegar hasta la última esquina de Tabasco y esa esquina decidirá quien nos va a gobernar los próximos seis años. Uno, que ha conocido a muy pocos ricos de verdad, de esos que se pueden comprar un yate o un concejal de urbanismo sin preguntar el precio, está obligado a reconocer que tienen algunas virtudes que no pueden compartir con los menesterosos. Por ejemplo, socorrer a los partidos políticos que le conviene que manden, aunque sea sólo durante una temporada, pero cuanto más larga, mejor. Por eso se convierten en virtuosos de sus vicios y optan por el anonimato o firman sus donativos con pseudónimo, como esos pseudo periodistas que prefieren pasar a la posteridad haciéndole absolutamente desconocidos varios nombres. A cual más sonoro. Hace falta saber mucho de política y muy poco de la naturaleza humana, pero entre todos hemos logrado que no se entienda nadie. La casa está por barrer, pero hemos decidido tirarla por la ventana, con evidente riesgo de que le caiga en la cabeza a alguien que pasa por allí. Y el hambre asoma la cabeza con la amenaza clara de querer quedarse en Tabasco.





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