ÍNTEGRAmente
24/06/2026
El trastorno por uso de alcohol en el Sureste Mexicano
El trastorno por uso de alcohol (TUA), también llamado dependencia o "alcoholismo", es una condición en la que una persona pierde control sobre el consumo, continúa bebiendo pese a consecuencias negativas, y con frecuencia presenta tolerancia y/o síntomas de abstinencia. En el Sureste Mexicano, principalmente estados como Campeche, Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán, el tema preocupa por su relación con accidentes, violencia, problemas de salud mental, ausentismo laboral y carga familiar.
En términos generales, el alcohol afecta a una gran parte de la población mexicana. A nivel nacional, las encuestas sobre salud reportan que una proporción importante de adultos ha consumido alcohol y que existe un grupo que mantiene consumo riesgoso o problemático. Además, el alcohol se asocia con mortalidad y discapacidad por enfermedades del hígado (como cirrosis), cánceres, trastornos cardiovasculares, y con lesiones: atropellamientos, choques, caídas y ahogamientos, especialmente cuando el consumo ocurre en fines de semana o eventos. En la región, donde en algunos municipios hay acceso limitado a servicios especializados y donde el consumo puede estar vinculado a celebraciones culturales, el impacto puede ser especialmente visible en el ámbito familiar y comunitario.
Los costos sociales también son altos: aumenta la probabilidad de violencia y conflictos intrafamiliares, se incrementa el gasto médico y el ausentismo escolar y laboral, y se incrementa el riesgo de que adolescentes desarrollen patrones de consumo temprano. En cuanto a salud pública, la carga del alcohol suele reflejarse en urgencias por intoxicación, lesiones por accidentes y hospitalizaciones relacionadas con complicaciones por consumo sostenido.
Respecto al tratamiento, el abordaje más efectivo suele ser integral y por etapas. Primero se evalúa el riesgo (incluyendo consumo, salud física, antecedentes de abstinencia y problemas psiquiátricos). Si hay dependencia, la persona puede necesitar manejo de abstinencia, que en casos moderados o graves debe realizarse bajo supervisión médica por el riesgo de convulsiones o delirium. Después, el plan incluye intervención psicosocial (por ejemplo, terapia cognitivo-conductual, entrevistas motivacionales y prevención de recaídas) y, en algunos casos, apoyo farmacológico para reducir la recaída o el deseo de beber, indicado por profesionales de salud. La participación de redes familiares y grupos de apoyo (cuando son adecuados para el caso) puede mejorar la adherencia y la recuperación.
La prevención es clave y empieza antes de que el consumo se convierta en un problema. Incluye educación basada en evidencia para adolescentes y cuidadores, estrategias de detección temprana en centros de salud, y canalización oportuna. A nivel comunitario, ayudan programas que fortalecen habilidades para la vida, el control de impulsos y la toma de decisiones. En el entorno más amplio, políticas que reduzcan el acceso al alcohol para menores, promuevan campañas contra la conducción bajo efectos del alcohol y regulen la disponibilidad (por ejemplo, horarios y publicidad) tienen impacto en la disminución del consumo riesgoso. También se recomiendan medidas para prevenir violencia asociada al alcohol y capacitación a personal de salud para reconocer señales de TUA.
Si tú o alguien cercano presenta consumo difícil de controlar, problemas en el trabajo o en casa, o episodios frecuentes de intoxicación, es importante buscar ayuda profesional en centros de salud, hospitales o servicios de salud mental. El TUA es tratable y la recuperación suele ser un proceso, pero con apoyo adecuado es posible reducir daños y mejorar la calidad de vida.
(Psiquiatra/Paidopsiquiatra )
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