Keynes contra el neoliberalismo económico II
24/07/2021
En la crisis económica de 1929-33 las recetas keynesianas surgieron oportunamente, y los gobiernos encontraron en ellas los remedios para enfrentar las crisis recurrentes muy inherentes a la economía capitalista. En esos años surgió en diversos países el “Estado Benefactor” como un medio de atenuar los problemas de la pobreza, de conciliar las relaciones entre las clases sociales y mantener así la estabilidad social y política de los países. Los marxistas radicales que le apostaban a la desaparición del sistema capitalista, señalado por ellos como la causa de todos los males de la humanidad, veían en Keynes como un esquirol, como un reaccionario burgués que pretendía con sus recetas “salvar” al sistema capitalista y como un exorcismo que ahuyentara “la lucha de clases” y las revoluciones comunistas. A los marxistas y su “lucha de clases” les convenía la agudización y tensión de las relaciones entre las clases sociales, y qué mejor que las crisis económicas, mayor desigualdad social y pobreza para que éstas derivaran en una revolución.
El caso de México viniendo de una revolución armada que con sus rebeliones se prolongó por casi veinte años, la tensión entre las diversas clases sociales estaba caliente: campesinos que querían tierras como se los había prometido el burgués y terrateniente Carranza desde la Ley del 6 de enero de 1915 y luego en el artículo 27 de la Constitución, artículo que luego Obregón traicionó con Los Tratados de Bucareli; por otro lado una clase obrera que Obregón y Carranza, con la promesa de mejorar sus condiciones de trabajo, usaron como carne de cañón con los Batallones Rojos para enfrentarlos a Villa: como premio fueron traicionados por Obregón y varios de sus líderes fueron fusilados por órdenes de Obregón porque exigían las promesas no cumplidas. Por otro lado estaban los jefes militares que amenazaban con otro movimiento armado movidos sólo por la ambición del poder. Y por otro lado estaban los sectores medios, el magisterio, intelectuales y estudiantes que se jugaron su última carta con la candidatura de José Vasconcelos a Calles y Portes Gil calmaron dándole la autonomía a la Universidad de México en 1929: en ese año surgió la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En ese mismo año Calles transó con los líderes de la guerra cristera en los que Vasconcelos también esperaba su apoyo.
Urgía por todos los medios calmar y disciplinar la tensión entre las clases sociales.
Con ese fin se creó, a raíz del asesinato del gran caudillo Obregón, el PNR en 1929: meter en un solo costal como perros y gatos a jefes militares y caudillos menores, a líderes obreros o campesinos. Se buscaba con ello evitar nuevas rebeliones y movimientos armados y aquel que no le entrara a la jugada con el PNR era calificado como “reaccionario y enemigo de la revolución”. A la cabeza de todo ello estaba Plutarco Elías Calles, el “Jefe Máximo” de la revolución. A pesar de los deseos de Calles, y a raíz del reciente asesinato del caudillo Obregón, en su último informe en 1928 como presidente de la república donde planteaba la necesidad de dejar atrás un gobierno de caudillos y crear uno de instituciones, se volvió a caer en un gobierno de un persona “el Maximato”, donde Calles era precisamente el “Jefe Máximo”.
Por otro lado, en esos años NO existía en México una BURGUESÏA NACIONAL que tomara las riendas y se echara en hombros un proyecto económico de Nación y la
dirigencia nacional. Una clase empresarial con fuerza nacional no existía. El gran crecimiento que tuvo México durante el porfiriato fue impulsado por la inversión extranjera, por la iniciativa de las ambiciones expansionistas de una BURGUESÏA
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EXTRANJERA. La única burguesía fuerte en México y que tuvo conflictos con los inversionistas extranjeros en el Norte era la conformada por la familia Madero; de ahí que simpatizaran con un movimiento armado para tomar el poder.
Y al no haber una clase de empresarios nacionales fuerte, el Estado mexicano surgiría no sólo como el Estado Benefactor y conciliador sino como un poderoso ESTADO EMPRESARIO. En ese sentido Friedrich Engels escribió que: “…hay periodos en que las clases sociales en lucha están tan equilibradas, que el Poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra.
Luego afirma que: “…En ese momento, el poder burgués no es suficientemente fuerte y la fuerza revolucionaria del proletariado es aún impotente para triunfar”.
Y el Estado mexicano, como por encima de las clases sociales, se consolidó como
conciliador de las clases sociales y como dirigente de la economía a partir de don Lázaro Cárdenas y de la expropiación petrolera. Propietario de PEMEX y de Ferrocarriles
Nacionales (ferrocarriles “expropiados” a los gringos por don Porfirio Díaz), y luego la industria eléctrica. Para 1982 el estado mexicano poseía mil 155 empresas paraestatales.
Contrariamente a lo que afirmaban los miembros de la derecha, esas empresas eran muy rentables y le permitían al gobierno los excedentes económicos necesarios para cubrir sus programas sociales y de inversión sin necesidad de recurrir a un sistema tributario muy oneroso para el contribuyente. Salinas, sus cómplices neoliberales con su euforia privatizadora sacaron cincel y martillo y se dedicaron a demoler al poderoso edificio que fuera aquel Estado Empresario, Benefactor y conciliador de las clases sociales. Esa fue la meta de estos antimexicanos, corruptos neoliberales y cómplices de Salinas y de Washington: destruir al estado empresario, benefactor y conciliador. Y al dejarlo sin empresas le quitaron al Estado todas sus fuentes de ingresos y le redujeron su capacidad de maniobra y conciliación. Entonces a esa mafia que se apoderó de México durante cinco sexenios se le hizo fácil pedir préstamos al extranjero endeudando aún más a México con las consiguientes devaluaciones: de 700 mil millones de pesos que dejó de herencia Zedillo, Fox la subió a DOS BILLONES, Calderón a SIETE BILLONES y Peña a DOCE BILLONES. De ahí que se dieran el lujo de condonar impuestos a sus amigos y socios empresarios endeudando a México con las consabidas devaluaciones del peso. AMLO no ha pedido un solo peso de préstamos para enfrentar la pandemia, comprar la petroquímica en los Estados Unidos, construir la de Dos Bocas, el ferrocarril Transístmico, el tren Maya, la pensión a los viejitos como yo y cumplir con los demás programas. Y ha obtenido esos recursos de la NO corrupción y de la honradez.
Pues sobre ese estado empresario estuvo montado el enorme poder del presidente
de la república durante varios sexenios (fueron años del férreo presidencialismo); el
tlatoani sexenal,sin más ni más, convocaba a reuniones a banqueros y empresarios y hasta se daba el lujo de regañarlos en esas reuniones: así lo acostumbraba Luis Echeverría.
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