OPINIÓN

La complicada economía de Tabasco
23/08/2018

Analizando la producción y los engranajes con la distribución y los mercados desde la visión económica neoliberal nos damos cuenta que está fundamentado en el poderoso componente del consumo. La producción como origen, los mercados como destino, el financiamiento como facilitador. La distribución como la parte media; el consumo como el fin último de largas cadenas industriales-empresariales. Modelo que mientras se tenga asegurado el consumo continuará produciendo, vendiendo y abriendo mercados; sin embargo, la competencia es una de sus amenazas capitales.

¿Pero qué tiene que ver esto con nuestra economía local?, es la pregunta que se hace luego de la verborrea empírica del capitalismo. Tal vez en Tabasco estemos en una situación destinada solamente al consumo, integrada a una economía dependiente en gran medida de los impuestos.  El Petróleo, el agro, la pesca, son las divisas productivas con capacidad de exportar y abastecer el mercado local, pero de los cuales no se tienen balances. Al menos no se conocer públicamente, e incluso el mismo INEGI carece de cifras actualizadas y confiables. 

Tal vez un paso obligado a dar en lo inmediato por las próximas administraciones es ordenar los datos económicos, porque necesitamos conocer realmente lo que se tiene como fortalezas productivas, a cuánto asciende la riqueza, y de qué o cual riqueza estamos hablando. Es necesario contabilizar e inventariar la capacidad productiva de Tabasco. Se entiende que para realizarlo se requiere del trabajo de verdaderos economistas, de personal serio, de ningún político.

Tabasco arrastra un déficit del 6% en su economía al final de un sexenio marcado por la confrontación política guiada por marcados intereses de partidos. Déficit que muestran el desbalance entre una deprimida producción local en sus componentes petróleo, agro y pesca, incluida la disminución de ingresos públicos por concepto del cobro de los impuestos. Problemas que circulan en el medio como susurros, chismes, cuentos e historias palaciegas improbables, pero que hay que desmitificar y dotar de seriedad, que hay que profesionalizar antes de que cueste mucho más y cause más pérdidas a la economía y daños a la gente.

Retomando el esquema de la economía aquí descrito, Tabasco no puede seguir siendo una sociedad destinada al consumo de productos externos y a vivir a expensas del presupuesto. Un reto que viene, tal vez un colosal reto, es el de estimular la producción y provocar que los programas sociales cumplan el objetivo de apoyar a las familias de menores recursos en lo inmediato, pero con un plan que progresivamente los integre a la economía productiva. 

Actualmente estamos inmersos en una transición de gobierno con promesas de cambios en lo económico y lo social. Cambios que ameritan análisis de la economía, y que aconsejan no perder de vista los engranajes de la producción económica de países que destinan miles de productos hacia la economía de nuestro país, de nuestras colonias, rancherías y ejidos. 

Recuerden que las grandes empresas e incluso los monopolios, caen en crisis cuando enfrentan competidores reales. Está demostrado que la competencia debilita a las empresas que no son capaces de hacer eficientes sus procesos, les crea crisis, las quiebra. Motivo que obliga a cuestionar a las instituciones: ¿por qué no apuntalar empresas competitivas con el apoyo del Estado?

Probablemente la respuesta es que nadie le invierte a lo incierto, que no hay empresas especializadas en capital de riesgo. Entendemos que la próxima administración plantea recursos económicos para contar con una sociedad con poder adquisitivo apoyado por el Estado. Faltará empujar hacia una empresa autogestiva, que haga uso de su experiencia, arriesgue y solicite financiamiento enfocado más a la producción de bienes y productos con miras a satisfacer las necesidades del consumo de la población. En una lógica de entrarle a la competencia y apoderarse de los mercados locales. Más vale ser rey que ayudante del rey en territorio propio.

Porque eso de ser permanentes intermediarios encarece el precio de los productos, arruina la producción y fortalece los monopolios ajenos.





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