La soledad de las pantallas
15/02/2022
Aunque la cultura del meme ha popularizado el chiste “Te mentí
¿Qué es el cine? Hasta hace unos años esta pregunta podría haber tenido una respuesta popular más homogénea: esa experiencia de acudir en grupo frente a una gran pantalla, con palomitas de por medio, tal vez; no obstante, los criterios han cambiado y ahora, en un cambio que han detonado las plataformas de transmisión de contenido en streaming, para muchos el cine es una experiencia más privada, en la comodidad del hogar, en pantallas de tamaño más modesto. Una televisión, computadora o incluso un celular.
Un cambio que inició hace algunos años y se profundizó con el aislamiento social al que nos hemos visto obligados con la pandemia de coronavirus. La experiencia de acudir a una sala de cine tiene sus fanáticos, ir en pareja, en familia o con los amigos tiene el encanto de un ritual, al que los más comprometidos acuden solos. Pero con el cierre de salas en todo el mundo, la industria del cine no paró, sólo se trasladó en mayor medida a otras pantallas.
Aunque la cultura del meme ha popularizado el chiste “Te mentí, no vamos a ver Netflix”, lo cierto es que para el cine esas plataformas son un asunto serio. Muchas piezas cinematográficas han salido a la luz y alcanzado buena popularidad gracias a estos servicios, entre los que también se encuentran Prime Video, Disney, Mubi, Apple TV y HBO, entre otros. Todavía hace unos años, en el festival de Cannes no podían participar producciones a menos que hubieran sido exhibidas en salas de cine, pero han tenido que cambiar sus criterios y en esta edición se incluyen muchas películas que solo se exhibieron en streaming.
Alguien podría pensar que son como lo que hace unas décadas fueron las suscripciones a servicios de televisión por cable, lo cual tiene sentido en algunos casos, pero a diferencia de aquellas suscripciones que han prestado un servicio más bien local, estas compañías son gigantes tecnológicos, con un alcance global e ingresos tales que les permiten financiar producciones propias con calidad cinematográfica. Películas que compiten en festivales.
Si el cine no es más una experiencia pública que tiene lugar en un recinto destinado a ello, habrá que entenderlo más bien como un formato, un tipo de contenido con lenguaje, narrativa y propósitos distintos de los de los programas de televisión o las series, telenovelas, entre otros productos de entretenimiento. Si bien actualmente se consume más en el ámbito privado, conserva su carácter social en la medida en que es un espejo en el que se reproducen y reflejan diversos aspectos de la experiencia humana, que requiere ejércitos de trabajadores para producirse, además de que se comenta y comparte sobre estos contenidos quizá como nunca antes gracias a las redes.
Habría que recordar al kinetoscopio, uno de los antecesores del cine de gran pantalla que conocemos, el cual consistía en una pequeña caja donde uno miraba las cintas de video. De algún modo, nuestros celulares son descendientes de aquellas cajas, donde podemos ver cine y tantas cosas más, en un consumo personal, quizá algunas veces compartido con muy pocas personas.
Por el momento, la historia ha dado un vuelco y parece que el kinetoscopio moderno va ganando la batalla del cine, el individuo ha desplazado al grupo, muy en consonancia con los tiempos que vivimos. Tiempos en los que prevalece la ilusión del individuo como principio y fin de la sociedad entera, en los que estamos tan inmersos en nosotros mismos que nos cuesta notar que los otros están ahí, riendo o llorando en la soledad de sus pantallas. Igual que nosotros.
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