Más filosofía, menos therian
20/02/2026
Therians
Alguien en TikTok te mira a los ojos a través de la pantalla y te dice, sin una pizca de ironía, que es un lobo. No habla de un juego de rol ni de una broma bien armada. Dice que es un lobo, un cuervo o un caballo. Así, tal cual.
Hoy, miles de personas comparten esa tendencia conocida como "therians". Tal vez sea una moda pasajera o un simple distractor. El término proviene del griego "therion", que significa "bestia" o "animal salvaje", y se usa para nombrar a quienes afirman que su identidad auténtica, la más íntima, es la de un animal. La pregunta que surge de inmediato no es nueva, aunque el fenómeno lo parezca: ¿quién soy yo?
El fenómeno "therian" lleva años circulando en comunidades digitales, pero en los últimos tiempos ha estallado en las redes sociales. Muchos jóvenes se reconocen en esa etiqueta porque dicen sentir una conexión profunda con algún animal, hasta el punto de asumirlo como parte constitutiva de su identidad. No hay nada problemático en identificarse simbólicamente con la libertad de un pájaro o la lealtad de un perro. El conflicto aparece cuando ese sentimiento se vuelve la respuesta definitiva a preguntas mucho más complejas.
Vivimos en una época con más información disponible que nunca y, sin embargo, muchos jóvenes sienten que sus vidas carecen de dirección. Es una sensación real y comprensible, alimentada por la presión del futuro, la dificultad de encajar y el ruido permanente de las redes sociales. Cuando todo eso se acumula, pertenecer a una comunidad que ofrece una identidad clara y un grupo que te valida puede experimentarse como un alivio profundo. En el fondo, eso es lo que brindan muchas de estas subculturas digitales.
En ese alivio se esconde una trampa silenciosa. Ninguna etiqueta, por precisa que sea, responde de verdad a la pregunta de qué hacer con la propia vida. Puedes llamarte lobo, perro o estrella; incluso puedes inventar el término exacto para describir cómo te sientes. Aun así, no te librarás de la decisión compleja —y profundamente humana— de elegir qué estudiar, cómo orientar tu vida, cómo tratar a quienes amas o qué clase de adulto deseas ser. Esas preguntas no las resuelve un algoritmo ni una comunidad virtual reunida en torno a afinidades compartidas.
El rasgo más revelador del fenómeno aparece justamente ahí, y vale la pena señalarlo. La persona que escribe en internet que "es" o "se siente" un lobo está haciendo precisamente aquello que ningún lobo puede hacer: argumentar, exigir reconocimiento y construir una narrativa sobre sí misma. Esa capacidad de reflexionar, de preguntarse quién se es y por qué, es uno de los rasgos más humanos. Utilizarla para concluir que uno no es humano resulta, cuando menos, contradictorio y encierra una ironía difícil de ignorar.
Lo que muchas veces falta es el hábito de hacerse preguntas incómodas y tomarse en serio las respuestas: ¿qué tipo de vida quiero construir?, ¿estoy eligiendo esto porque lo he decidido libremente o porque apareció primero en mi pantalla? Eso también es filosofía, aunque no se llame así ni figure en ningún plan de estudios.
El vacío que empuja a muchos jóvenes hacia identidades como la "therian" es real. Pero pretender llenarlo con una etiqueta es como tapar una gotera con cinta adhesiva: funciona por un tiempo, hasta que el agua vuelve a aparecer. Créame, la pregunta "¿quién soy?" merece algo más que un aullido.
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