OPINIÓN

ESCALA CRÍTICA

Migración, seguridad, desempleo; viejos problemas que se complican
11/06/2019

*No hay generación espontánea; los conflictos vienen de lejos

*Patear el bote: una complicidad intersexenal que debe acabar

*Soluciones que generan nuevos conflictos; respuestas necesarias

ESTA es una semana cargada de noticias, en especial para Tabasco. El lunes se comenzó a desplegar la Guardia Nacional en la frontera con Centroamérica (108km con la entidad, 654 con Chiapas y 194 con Campeche); los efectos se sentirán en la región. También ayer se mostraron las 180 patrullas incorporadas a las tareas de vigilancia, con las que se estrena el nuevo titular de la SSP, Ángel Mario Balcázar; al mismo tiempo que comenzó la firma de los contratos de "Adiós a tu Deuda", para finiquitar la Resistencia Civil.

Atender problemas que vienen de lejos. Como el desempleo y la pesada petrolización de la economía con el abandono al campo. Nada de esto puede pasar por alto la perspectiva nacional.

Se habla de la supuesta acumulación de problemas en el gobierno de AMLO; es necesario precisar que no es generación espontánea; hubo negligencia o descuido interesado. Dan ganas de parafrasear al maestro Monterroso: "Cuando despertamos de la elección presidencial, el dinosaurio de los problemas todavía estaba ahí". Como noticia fresca a propósito de enfrentar problemas: la expedición del canciller Marcelo Ebrard a Washington arrojó un acuerdo para evitar la imposición del 5 por ciento en aranceles a productos mexicanos. Seis mil millones de dólares anuales, del bolsillo empresarial, a salvo. ¿Se dirá ahora que AMLO no es Presidente de todos?    

La precisión importa: vivimos la repercusión histórica de problemas a partir de una agenda de gobierno que rechazó la simulación. Un tema que combina memoria nacional, ética pública y lucha política, merece aproximación a partir de una premisa sostenida por hechos: patear el bote, de administración federal a administración federal, fue desastroso para México y su bienestar.

  

HERENCIA: SISTEMA EN QUIEBRA

El sistema político practicó numerosas justificaciones para la sangría de recursos nacionales. Sexenio tras sexenio, se elevó el dispendio sin poner freno. Por la corrupción e impunidad, fueron billones y billones de pesos. Un cálculo conservador del Banco Interamericano de Desarrollo (2016: "Informe sobre México y gestión pública") maneja el siguiente dato: por sexenio, los recursos dilapidados fueron 3 billones de pesos. Quizás de ahí surgió la cifra de 500 mil millones de pesos anuales que AMLO esperaba obtener al frenar la corrupción. Lleva recaudados 200 mil millones (dato de Hacienda), todavía insuficientes para el gasto estimado en programas sociales.

El manto de silencio alrededor de la gestión gubernamental en otros sexenios, las decisiones del poder y el ojo complaciente de subordinación con privilegios, sumió al país en la dinámica negativa que se vivió incluso con la transición PRI-PAN en Presidencia, 12 años (2000-2012) y la vuelta PAN-PRI 2012-2018. Se eligió continuar una política económica cicatera, junto con el modelo discrecional de prebendas (proyectos multimillonarios al amparo del poder). Esta continuidad de sombras se rompió. El caso Lozoya parece la punta del Iceberg, aunque AMLO repite: "no me desgastaré con el cochinero del pasado".

Hoy vivimos, por razones políticas obvias, la exhibición de pendientes nacionales a la enésima potencia. La simulación macro de país ordenado y próspero, cede el paso a una realidad de carencias: salud, educación, seguridad pública, cárceles y estructura policial, ejemplos notorios.

               

CICATRICES EN LA ALFOMBRA

AMLO y su equipo pueden hacer mejor las cosas, comenzando por su comunicación interna. Las contradicciones variopintas revelan mal manejo de información en equipo. De observan fallas de tiempo en la implementación de políticas, acciones y programas. La curva de aprendizaje entra en su parte final y los resultados tendrán que hablar.

No se debe regatear el esfuerzo por rasgar la cortina de la simulación. Desde la proyección del presupuesto federal 2019, hasta la crisis (frenada) que llegó del exterior con EEUU y Donald Trump, lo que se observa éticamente es significativo y políticamente gusta. Los críticos del Presidente se afanan en las contradicciones para denunciar un supuesto autoritarismo irradiado desde Palacio. Ignoran que las contradicciones resultan de abordar muchos problemas al mismo tiempo y en poco tiempo. Hay un problema estructural del nuevo gobierno, tanto de procedimientos y de equipo, pero no es un problema en el viejo estilo de la simulación que medraba del presupuesto.      

AMLO hace cuentas todos los días, frente al país. No nos referimos a números. Es ejercicio democrático. Sus críticos no ven mérito alguno en la decisión de abrir los micrófonos de Presidencia. En seis meses, AMLO ha dado más conferencias de prensa que cualquier presidente de otro país, en cualquier época. Más allá de la parafernalia del poder, se encuentra la rendición de cuentas con ese ejercicio público de información y reflexión, a partir de un proyecto político elegido en las urnas. No es simulación: venimos de los sonidos del silencio en materia de poder presidencial.

La memoria nacional de algo debe servir: ubica el viraje de políticas gubernamentales a partir de un viraje ideológico (la izquierda en Palacio). Patear el bote, diferir problemas otra vez, no era opción. Hay errores de procedimiento y quizás de diagnóstico técnico, pero la decisión de enfrentar problemas no es error: es acierto en desterrar la simulación.

( vmsamano@hotmail.com)





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