Qué es el plebiscito

La etimología de las palabras ayuda a la comprensión de su significado, y este, a entender de mejor manera el sentido histórico de las mismas

La etimología de las palabras ayuda a la comprensión de su significado, y este, a entender de mejor manera el sentido histórico de las mismas, por lo que recurrir a la Real Academia Española para conocer en este caso el origen de plebiscito, que proviene del latín plebiscítum, es útil; y lo refiere como la “Consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre una cuestión política o legal”. 

Surge en Roma con el nacimiento de su monarquía hacia el año 753 hasta el 510 A.C. y es producto de la desigualdad jurídica y social en que vivían los plebeyos, quienes lograron atenuarla al conquistar que sus propuestas de ley presentadas por un tribuno, fueran aprobadas por ellos mismos, ya que antes únicamente los patricios tenían esa facultad para regular sus relaciones; por lo que el plebiscito constituye una conquista democrática de la plebe, de lo que hoy se llama comúnmente pueblo y que en sus inicios rigió nada más para ellos y después para plebeyos y patricios.

El concepto de plebiscito es usado para asuntos de carácter político pues para los de índole legal se emplea el referéndum, si bien su utilización imprecisa o en casos que tienen que ver estrechamente con lo legal puede dar lugar a confusión, por ejemplo cuando se pregunta al cuerpo electoral, si se está o no de acuerdo con la creación de una constitución a la que intenta dar vida jurídica y por tanto, verdad de perogrullo no existe; tal como ocurrió en Chile, donde en 2020 se preguntó a la ciudadanía, si debería redactarse una nueva constitución, acudiendo a ese ejercicio plebiscitario el 51% de quienes tenían derecho a votar, de los que el 78% votó por el sí.

Forma parte de la democracia directa y al igual que las demás manifestaciones de esta, no funge como alternativa de la democracia representativa sino como instrumento que tiende a corregir las deficiencias y desviaciones de esta, como consecuencia del alejamiento de las representaciones populares de quienes las eligieron. Es un medio para inyectar vitalidad a la democracia representativa ante muestras de fatiga.

De esta manera el cuerpo electoral mantiene el poder de su voluntad soberana para corregir el rumbo e incluso mediante la revocación de mandato, destituir a su representación, es decir, quitarle el poder conferido.

En la democracia directa no hay intermediarios y en consecuencia su decisión no es procesada por nadie, sino que es una determinación imperativa que no pasa por ningún filtro y se debe acatar, independientemente de si es o no facultativo el resultado del plebiscito, pues sería absurdo y contraproducente para la legitimidad que no se hiciera, aunque podría darse el caso.

La legitimidad es uno de los pies en que se sostiene la autoridad y es vital para que transite con normalidad.

El plebiscito aun cuando es una conquista democrática no es patrimonio exclusivo de la democracia, sino que también es utilizado por gobiernos autoritarios y dictatoriales para tratar de legitimar su estancia en el poder; por lo que como se menciona, más allá de ser una herramienta de consulta lo es también de legitimación, en virtud de que somete a un tiempo a decisión de la voluntad ciudadana propuestas trascendentes que abonan a esta por el sólo hecho de consultar a quien es propietario de la decisión, al margen de que la propuesta proceda de la autoridad o de la ciudadanía. En cualquiera de los casos, la autoridad por lo general gana legitimidad, aunque sea adverso a su propósito, más en el primero que en el segundo.

Los asuntos que a través del plebiscito se someten a consulta, corresponden a los titulares de los poderes ejecutivos en sus niveles federal y local, así como también a los de las presidencias municipales o alcaldías, de los que están excluidas, entre otras las materias tributaria, electoral y de derechos humanos.

El plebiscito y las demás formas de participación ciudadana directa están protegidas por el derecho convencional, siempre y cuando lo haya suscrito el país en cuestión, y estos son la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, la Declaración de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no contempla al plebiscito, lo que constituye una asignatura pendiente, pero no lo es para la Constitución local que lo tiene inserto en su cuerpo, sin que exista ley que lo desarrolle.

  • Por vacaciones espero reencontrarnos el 10 de enero de 2023.