OPINIÓN

Tiempo de definiciones
17/11/2020

¡No fue mentira!, el Bloque Opositor Amplio (BOA) está vivito y coleando. La Derecha, comandada por una pequeña pero poderosa élite empresarial, registró la coalición electoral "Sí por San Luis" formada por PRI, PAN, PRD y Conciencia Popular para contender por la gubernatura de San Luis Potosí. Partidos que históricamente han sido contrincantes se unen con el propósito de evitar que la coalición "Juntos haremos historia en San Luis Potosí" conformada por Morena, PVEM, PT y Nueva Alianza se levante con la victoria.

Ya habíamos sido testigos de aquellas "extrañas" coaliciones entre el PAN y el PRD, o sea, entre quienes se saben de derecha y quienes se dicen de izquierda, cuya pragmática justificación estaba orientada con el fin de terminar con el largo reinado del PRI en algunos estados.

Hoy estos partidos acuerdan aliarse a su acérrimo adversario, el PRI, para derrotar a Morena en la renovación de la cámara de diputados federales y en las 15 gubernaturas que estarán en juego en 2021. Y por si no les alcanza, estas tres organizaciones partidarias, con todo y que sus documentos básicos contemplan diferencias ideológicas y programáticas importantes, se suman a la nueva organización empresarial denominada "Sí por México", en donde participa grandes empresarios que han financiado las agresivas campañas mediáticas en contra del presidente AMLO, primero para que no llegara al estigmatizarlo como "un peligro para México" y ahora con un ataque sistemático a su  gestión pública y con protestas y plantones del FRENAA.

Queda claro que la élite económica dominante ha utilizado en mayor o menor medida a sus subordinados en la dirección política del país (PAN, el PRI, el PRD y PMC) para dar rienda suelta a su desmedida acumulación de riquezas. Ahí está el Pacto por México, ejemplo de perversa unanimidad para poner en bandeja de plata la privatización de sectores estratégicos como el petróleo y la electricidad. Aunque todo inició con Salinas de Gortari como presidente de país, cuando la mancuerna del PRI y el PAN, con su hábil negociador, conocido como el "Jefe Diego" (Diego Fernández de Cevallos), sacó adelante la privatización de las empresas públicas más grande del país.         

Con la sensibilidad política pulida a lo largo de muchos años a través de un camino sinuoso y enriquecedor para transformar el régimen político del país, el presidente AMLO no sólo había dado pistas sobre la formación del BOA, sino que también exhortó a sus malquerientes y adversarios a quitarse las caretas y definir su reaccionaria oposición a los cambios de fondo que se vienen implementando para construir la Cuarta Transformación del país (4T).

Ese pequeño grupo que acumuló grandes fortunas durante el periodo neoliberal, que tomaba las decisiones colectivas en la clandestinidad, al ver que sus subordinados (PRI, PAN y PRD) difícilmente podrían recuperar la dirección política del país, saltó a la escena pública para defender sus intereses a través de la organización "Sí por México". Se trata de la élite dominante que abiertamente pretende tomar el poder político con una "agenda ciudadana" que, abrigada por dichos partidos, logre la mayoría en la cámara de diputados federales y funja como real  contrapeso al presidente AMLO.

No es casual que los empresarios más críticos de la 4T: Claudio X. González, fundador del grupo de presión denominado "Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad", financiado por prominentes empresarios (Proceso 2297); y Gustavo de Hoyos Walther, líder de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), sean lo dirigentes visibles de Sí por México, marca utilizada para registrar la coalición electoral "Sí por San Luis". 

Se trata del poderoso grupo económico que con su enorme influencia encumbró el libre mercado en detrimento del poder del Estado, generando profundas desigualdades sociales, estimulando la corrupción y la impunidad y destruyendo el medio ambiente.

El tiempo de las definiciones políticas llegó con el inicio del proceso electoral. La Derecha conservadora, dirigida abiertamente por dicha élite empresarial, busca recuperar los privilegios alcanzados por el modelo neoliberal, mientras la izquierda gobernante pretende conservar el poder para cambiar el régimen político y promover un desarrollo económico más justo e igualitario, con un medio ambiente sano y sustentable.

Si bien el desgaste de gobernar impulsando las grandes transformaciones en medio de una coyuntura sumamente adversa ha sido considerable, las muestras de aceptación y acuerdo con el presidente AMLO y con Morena se mantienen en un buen nivel, a pesar de la guerra mediática desatada por la Derecha, sus medios de comunicación y sus múltiples voceros. 

Los contendientes están claramente definidos. Ahora todo depende de los candidatos y de lo que suceda en los próximos meses. No sabemos si la 4T pasará la evaluación ciudadana o si prefiere el yugo de los saqueadores que ahora se presentan como grandes defensores de la democracia y la justica social.  




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