OPINIÓN

ESCALA CRÍTICA

Transición, gobierno y nombramientos: éticas de convicción y de responsabilidad
06/08/2018

* AMLO 2018: alianzas y viraje pragmático; objetivo estratégico

* Meyer y el Príncipe: definiciones políticas, acción de gobernar

* Caso Bartlett: pasado y danzas polémicas; sombras que pesan

DESDE el arranque de la precampaña presidencial (diciembre 10 de 2017) López Obrador estaba decidido a cambiar la estrategia de alianzas políticas que estancó sus votos en 2006 y 2012. Lo debió meditar muchos días con sus noches, en la soledad posterior a las urnas. Independientemente del fraude electoral esgrimido en la plaza pública, es probable que la experiencia de quedar corto fuese un acicate analítico. Tan cerca y tan lejos. Así se definió el viraje pragmático: se pasó de la exclusión y la coherencia por principios, a la inclusión y flexibilidad por diálogo. El resultado fue un tsunami morenista: 30 puntos de ventaja, 30 millones de votos, 17 millones arriba del segundo lugar.

Una victoria tan espectacular plantea, paradójicamente, problemas de configuración de gabinete. ¿Cómo distribuir cargos, estructura y poder político a los variopintos viajeros del tren ganador? AMLO habló de alianzas políticas, no de coalición de gobierno. Pues bien, lo que se observa en el segundo mes de la transición de gobierno es una coalición de facto: experredistas, expanistas y expriístas, aparecen en cargos de peso. Es lo que hay, luego del viraje estratégico de AMLO para no quedarse en el “ya merito”.   

Se trata de un viejo dilema: ¿hay que vender el alma para acceder al poder? Muchos políticos, comentaristas y simpatizantes han reprochado a AMLO, presidente virtual, el trato terso con Peña Nieto, presidente en funciones. Vamos a detenernos en un punto clave: ética de los principios y la ética de la responsabilidad, entre lo personal y lo político.

DEFINICIONES DE ESTADO     

EL HISTORIADOR Lorenzo Meyer es una referencia política y  periodística nacional. Contexto, agudeza interpretativa y profundo sentido nacionalista son sus credenciales. Con gran olfato ético, en los tiempos que corren, acaba de recordar una distinción fundamental para el ejercicio de gobierno: la ética personal y la ética política. Meyer se remitió a un clásico (polémico) de la disciplina política, Nicolás Maquiavelo, el primer estudioso que diferenció entre vida personal y quehacer gubernamental. “Como persona, uno tiene derecho a elegir a sus interlocutores y excluir a quienes no comparten ciertas afinidades”. Está claro: hay decisiones éticas personales que son mapa de vida. Se hace camino al andar, con ruta selectiva.

Después viene el animal político aristotélico: “Como gobernante, uno tiene que escuchar a todos los actores políticos y sociales, para forjar consensos útiles al país”. También parece claro: se trata de una decisión estratégica incluyente que no depende de una ética personal. Depende de un ejercicio grupal y de una ética política. Adiós a lo meramente personal. El mapa cambia. No es un mapa de vida personal: aparece un mapa de multitudes. Ahí, aunque debe resguardarse la ética personal hasta donde sea posible, ya no rige una ética individual sino el bien tutelado como ejercicio colectivo. Esto, según Meyer, explica buena parte de lo que ha ocurrido en el primer mes de la transición de gobierno, con las decisiones de López Obrador sobre su equipo de trabajo.    

BARTLETT, PASADO Y PRESENTE    

LA INTEGRACIÓN del próximo gabinete federal tuvo una derrapada en la opinión pública. Se encendió la pradera virtual (Twitter, Youtube, Facebook)  con la figura de Manuel Bartlett Díaz, ex secretario de Gobernación con Miguel de la Madrid (1982-1988), ex titular de la SEP con Salinas de Gortari (1989-1992), Gobernador de Puebla con Salinas y Zedillo (1993-1999), legislador sagaz y (desde 2003) crítico del modelo neoliberal, Bartlett estuvo entre los fundadores de Morena y ha mantenido una postura de corte nacionalista frente a la reforma energética.

Mediáticamente, las críticas se impusieron a los elogios por el nombramiento de Bartlett como Director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Sin embargo, estas críticas van hacia las sombras del pasado de Bartlett. Ave de tempestades, la sombra se alarga: señalado periodísticamente (no judicialmente) en los asesinatos del periodista Manuel Buendía (mayo de 1984) y del agente estadounidense de la DEA, Enrique Camarena (1987). Supuesta mano maestra de la caída del sistema electoral en 1988, y difamador del panista Manuel Clouthier, Maquío, según el hijo que lleva el mismo nombre y que en esta coyuntura se declara feliz por los golpes virtuales dados a Bartlett.   

Fue interesante, en medio de la tempestad, que Bartlett no escurriera el bulto. Concedió entrevistas a Carlos Puig (Milenio), Joaquín López Dóriga (Televisa), Ciro Gómez Leyva (Radio Fórmula) y Luis Alberto Puente (Proyecto Puente, radio de Sonora, de gran penetración en Internet). Su principal argumento; lo que se dice sobre su pasado no impacta la función para la que fue llamado por AMLO, como director general de la CFE: ¿qué tiene que ver una cosa con otra? Cuestionó. Cargo técnico contra pasado político, no cuadra. Otra cosa que dijo es menos pertinente: que Salinas de Gortari le orquestó la tunda virtual.       

El efecto Bartlett, con sus bemoles mediáticos, ilustra las dificultades de ética política que, ante la opinión pública, enfrentará el equipo de gobierno de AMLO. La mixtura de alianzas produjo el triunfo electoral que antes no pudo ser. Acaso también define la distribución de cargos. Pero no todo está dicho: los designados deberán pasar la prueba de los resultados.

 (vmsamano@hotmail.com.mx)





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