OPINIÓN

NOTA BENE

Villalpando, Peter Pan y la dura realidad
04/09/2020

Es totalmente inadmisible que algunos dirigentes políticos en el poder utilicen las instituciones y estructuras del Estado para sus intereses como fue el caso del hoy ex alcalde de Macuspana, Roberto Villalpando y sus 11 regidores. Hay que diferenciar claramente entre el desempeño legítimo de la gestión pública gracias al mandato de los ciudadanos en unas elecciones libres y democráticas y los actos políticos partidistas pero es que Villalpando ya había recibido muchas señales cuando Andrés Manuel Visitó Macuspana y fue recibido con abucheos, lo que evidenciaba claramente descontrol y desgobierno municipal. El objetivo de los líderes populistas, menos populistas o simplemente que utilizan los resortes de la democracia para alcanzar el poder y después usan el poder institucional y sus recursos para mantenerse a toda costa, es ofrecer a los votantes la imagen que relaciona la sede del poder con ellos mismos. Los especialistas del marketing aseguran que gran parte de los ciudadanos llegan a relacionar a la persona con el lugar que utiliza para sus actos y eso tiene una gran influencia a la hora de ir a votar. En este caso, Villalpando ha realizado un abuso de poder descarado y grosero con actuaciones personales patéticas y políticas de aficionado que dejan a Macuspana en estado de coma para recuperar políticamente hablando. El caso es muy grave porque se trata del municipio del presidente de la República, donde nació y con el que se le somete a rasero a nivel nacional, en donde debería presumirse un buen gobierno. Nada ni nadie es perfecto y no siempre se utilizan limpia y democráticamente los recursos del poder. Después del desastre de la visita del Presidente todavía Villalpando tuvo la oportunidad, inédita en política, de una segunda vuelta lo que de nuevo tiró por la borda porque su sensibilidad era nula y su capacidad de comprender la situación en la que se había metido y en la que estaba emborronando a los/las que le apoyaban era de cero. Cada segundo que pasó a partir de la visita fatídica de AMLO se fue complicando aún más la cosa. Villalpando siguió viviendo en un mundo irreal en el que el era Peter Pan y fuera de Wendy, no reconocía nada. Ni lo que estaba mal, ni se mostraba como un ser humano normal, que acierta y comete errores y que no hace berrinches como nos tenía acostumbrados. Roberto Villalpando tuvo la oportunidad, posiblemente única, de demostrar que había alcanzado la madurez política que muchos de sus adversarios le reclamaban. Contaba para ello con la evidente simpatía de personas muy cercanas al gobernador, Adán Augusto López, que además le aconsejó el camino que debería de seguir sin lograr que Villalpando se enterara de nada. Su propio partido MORENA, calló para permitirle reaccionar, y el pueblo, el ciudadano, solo necesita saber que sus palabras eran sinceras y que acompañarían a los hechos. Si el alcalde lograba desterrar la soberbia y la desidia, aparte de su hábito de meter la mano en la caja registradora, y las ganas de revancha, aceptando de buena gana lo que el pueblo le había mandatado tenía de nuevo el camino libre para aspirar a lo que se le diera la gana. Es decir Roberto Villalpando tuvo ante sí un espacio, un área de oportunidad, única para reivindicarse como un servidor del pueblo que cuando se equivocó supo rectificar y eso le ennobleciera. Pero Peter Pan pudo más que la dura realidad.




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