OPINIÓN

¿Y la seguridad de las mujeres?
07/12/2017

Voces jóvenes

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¿Y la seguridad de las mujeres?

Amanda Romero

Un Estado que no puede garantizar la seguridad de sus habitantes es un Estado fracasado. A lo largo de los últimos años, México ha sido el foco de atención de diversas organizaciones civiles, así como de medios de comunicación tanto nacionales como internaciones por la violencia que padecen sus habitantes.

Desde el año 2006, la tasa de homicidios en México ha crecido exponencialmente y la percepción de inseguridad de la población también. Según datos de la décimo-séptima Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, la percepción de inseguridad ha crecido 4.1 puntos porcentuales con respecto a las cifras de septiembre del año pasado.

Asimismo, según datos de la Encuesta Nacional de Geografía y Estadística (INGEI), en septiembre de 2017 el 80.3% de mujeres declaró sentirse insegura, a comparación del 76.2% de mujeres en relación al año pasado; y uno de los lugares en los que más se encuentran en riesgo las mujeres de sufrir violencia es, tristemente, su propio hogar.

Las dinámicas sociales en México han encubierto por muchos años las violencias ocurridas a mujeres en el seno familiar, quienes por temor a ser estigmatizadas socialmente se quedaban calladas. Con demasiada frecuencia, este problema se trataba a puertas cerradas, se menospreciaba a las víctimas y hasta se les buscaban justificantes a sus violentadores, permitiendo que estas agresiones escalaran hasta alturas insospechadas, que terminaban con la muerte.

Uno de los problemas más frecuentes que tenían las víctimas para denunciar consistía en la revictimización a la que eran sometidas por las autoridades que terminaba en falta de confianza en éstas y resistencia posterior para dar seguimiento al caso.

Ante la falta de protocolos de atención y acción de los empleados de las procuradurías para actuar en casos de violencia intrafamiliar y violencia en contra de las mujeres, principalmente, las autoridades incurren en una cantidad avasalladora de atropellos a los derechos humanos de las denunciantes.

No se puede poner fin a un problema cuando ni siquiera las mismas autoridades saben cómo lidiar con él.  Es necesario comenzar a tomar estos problemas en serio, equipar a las autoridades con protocolos de acción y reacción para estas situaciones e impartir en todos los niveles clases de perspectiva de género. Como personas, es necesario practicar la empatía con las víctimas, evitar menospreciar sus declaraciones, ridiculizar sus agresiones y revictimizarlas socialmente.

Tal vez no podemos ponerle un punto final a esta inseguridad en la que vivimos todos los mexicanos en nuestro día a día, pero podemos hacer la experiencia de denunciar un poco más fácil para aquellos quienes han sido perjudicados por ella.






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