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14/04/201906:14 p.m.Autor: Victor ContrerasFuente: DIARIO PRESENTE
Ritual de la Pesca de la Sardina, toda una tradición

En esta ocasión la embajadora Fátima Marín Torija acudió a la misa y también les deseó éxito en su peregrinar

Los avances de la civilización, en los pueblos originarios de Tacotalpa, Tabasco, fueron cambiando las costumbres y usanzas de etnias como la zoque, que habitó la zona de Tapijulapa y sus al rededores dejando, además de nombres y utensilios, una de las tradiciones más famosas y legendarias como el Ritual de la Pesca de la Sardina, en el paraje Villa Luz.

Para los zoques, las cuevas eran lugares sagrados. Por ello, la cueva de azufre que se halla en el parque natural Villa Luz era el sitio ceremonial donde invocaban la lluvia y solicitaban al "guardián" el permiso para entrar a pescar una diminuta sardina, que hasta la actualidad se sigue realizando para disfrute de propios y extraños, en un marco de historia, tradición, exuberante vegetación y los enigmas que guarda este lugar único en el mundo.

Como cada Domingo de Ramos, los danzantes ataviados en manta, paliacates rojos, huaraches y sombrero chontal, se concentran en la iglesia de Santiago Apóstol, en el pueblo mágico de Tapijulapa, donde se celebra la primera eucaristía de este día, recibiendo la bendición del sacerdote para iniciar su peregrinación hacia el parque Villa Luz, descendiendo hasta el corazón de la villa y cruzando los senderos de la colonia Isabel, para continuar su trayecto por toda la orilla del río Grande o río Oxolotán.

En esta ocasión la embajadora Fátima Marín Torija acudió a la misa y también les deseó éxito en su peregrinar. La temporada de estiaje y de florecimiento de plantas tropicales enmarcan el peregrinar del séquito de danzantes que anuncian su paso con el sonido de tambores y flautas por los senderos de Villa Luz.

El arroyo de azufre que nutre de agua la zona de albercas termales es el espacio en el que se acomodan en las orillas para raspar bulbos de barbasco, para preparar la "cueza": una especie de masa que se mezcla con cal y agua de azufre para ser envuelta en "pushcagüas" de hoja blanca y continuar así su camino hacia la cueva.

En el anfiteatro de piedra de rio, frente a la enigmática Cueva de la Sardina, cientos de visitantes y familias provenientes de todo el estado, y el interior de la república, aguardan pacientes bajo la sombra de inmensos árboles la llegada de los danzantes en una formación dirigida por el más anciano de ellos: el "Abuelo, Chamán o Principal".

Los danzantes se apuestan en una formación circular, mientras el Abuelo o Principal dirige el sahumerio e incienso hacia los cuatro puntos cardinales antes de iniciar con una oración en dialecto para pedir al "dueño de la cueva" el permiso para pescar sus sardinas; así como la lluvia para los campos y poder enfrentar así la temporada de estiaje.

Después de las oraciones y las danzas en forma de círculos, el séquito es guiado por el Principal hacia la entrada de la cueva, donde la humedad y el olor de azufre se combinan en una frescura momentánea en contraste con el calor de afuera, y se van adentrando entre los remanso de agua y rocas para en busca de la "sardina ciega", Poecillia Mexicana Mexicana, iluminados tan solo por la luz de sus velas sobre sus canastos de mimbre con flores, buscando un lugar para vaciar el envoltorio de barbasco.

La "cueza" comienza a emblanquecer aún más el agua y en cuestión de minutos las sardinas empiezan a surdir a la superficie del arroyo subterráneo para ser atrapadas en los canastos de mimbre, tal y como sus ancestros lo hacían para alimentar a sus familias; más actualmente sólo se provoca el adormecimiento momentáneo de los pececillos para efectuar año con año este ritual, cada Domingo de Ramos.

Los visitantes son permitidos ingresar a la cueva para apreciar la singular forma de pescar las sardinas, en grupos moderados por la estrechez de la misma, siendo el momento culminante de esta ancestral tradición que conserva Tacotalpa en las entrañas del parque natural Villaluz, que en la década de los treintas estuvo bajo los dominios y disfrutes de don Tomás Garrido Canabal.




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