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EL SOL DEL SURESTE
Emiliano Zapata.-
´NUESTRA VILLA HA RENACIDO´
- Don Horacio agradeció que el gobernador impulse la construcción de 20 mil viviendas en la entidad
Con la lentitud que traen los años y una pierna mal atendida, don Horacio Alamilla llegó al parque central de villa Chablé para solicitar un horno en la Jornada de Atención que tuvo lugar el pasado sábado 31 de enero, en el municipio de Emiliano Zapata.
Durante muchos años, que ya hasta ha perdido la cuenta, acompañó a su esposa porque era ella quien en realidad necesitaba el horno. Lamentablemente, su compañera de vida falleció hace unos meses y ahora él se ha dispuesto a no parar, aunque sea renqueando, hasta cumplir el deseo de ella.
Además, también él lo necesita por la pequeña repostería que antes era el sustento de los dos.
El anciano, nativo de Chablé, se abrió paso lentamente, entre el gentío que vino a tomar una consulta, a realizar un trámite y, sobre todo, a una audiencia con el Gobernador.
La efervecencia en el parque principal suena a rumor ameno y cálido, en una mañana fresca llena de sombreros de ala ancha y trenzas perfectamente engarzadas. También Don Horacio, pese a la tristeza que lo embarga, se anima saludando a sus vecinos.
Del diálogo que se da en cada stand entre pobladores y servidores públicos el anciano sabe mucho porque fue líder de su comunidad:
"Pero de los que se mueven, promueven las necesidades del pueblo".
Don Horacio tiene un entendimiento claro y práctico, muy habitual entre la gente de campo. Y sobrada memoria, como se verá pronto.
Precisamente, a los programas del Gobierno federal y del Gobierno del Pueblo, atribuye el viejo sabio el renacer de la villa.
?"Es una gran ventaja. Los programas ayudan muchísimo, sobre todo en los gastos de la casa, de la vivienda, de la alimentación. Nada más en pago de luz, cuando viene la pensión de adultos mayores, ya se tiene para la corriente. Y el agua, ni se diga", comentó a voz en cuello en medio del gentío.
No parece un hombre de la tercera edad sino un muchacho cuando comienza a caminar más rápido, pese a su mal, pidiendo que lo sigan. Del parque donde ocurre la Jornada, toma una de las calles paralelas de la villa, donde pronto se explica el motivo de su urgencia:
Se detiene frente a una fachada antigua, larga como un vagón de tren. La vivienda está cubierta de hierba silvestre.
"Toda esta extensión donde se asienta la villa perteneció a los señores Abreu, los campesinos liberaron este pedazo de tierra para gestionar un pueblo, aparte del Ejido. Y esta casa es una de las que dio el licenciado Adolfo López Mateos, junto con el licenciado Carlos A. Madrazo, se la dieron a puro campesino para que fundaran el pueblo. No costaron ni cinco centavos a quienes se las dieron. Trajeron cuadrillas de albañiles de origen campechano y hasta que no se terminaron las 100 casas, la gente pudo vivir aquí", rememora.
Dos calles más adelante, don Horacio señala otra casa de aquel tiempo, también en ruinas y deshabitada. Solo las dos siguientes, que se hallan en la calle Gregorio Cabrera, están en pie y habitadas, aunque ambas han sido modificadas del frente.
La última conserva aún las puerta de madera y la antepuerta de miriñaque para detener los mosquitos. Está pintada de azul celeste.
Don Horacio suspira frente a esta última casa. Se sorprende, se molesta, no lo comprende, que hayan tenido que pasar siete décadas, para que un Gobernador construyera casas de nuevo.
Y no cien sino 20 mil con recursos estatales, además de las otras 70 mil que el Gobierno federal levanta para los más necesitados en Tabasco.
Con paso lento de nuevo, el hombre memorioso vuelve a la Jornada de Atención, buscando el modo de que le den el tan esperado horno. Como muchos que vienen a las audiencias, confía que lo ayuden, aunque también es consciente:
"El gobernador está cumpliendo, pero las necesidades son más", dice antes de despedirse, orgulloso de ser testigo de nuevo de tiempos de transformación.


