OPINIÓN

Agenda Ciudadana
03/07/2026

T-Mec: ¿A qué aspiramos?

Estados Unidos ha anunciado formalmente que no aprobará una extensión del tratado de libre comercio; de esa manera, el convenio comercial entre los tres países no se extenderá hasta 2042, como se previa al inicio de las conversaciones, sino que habrá de concluir en el 2036, tal como estaba establecido inicialmente.

Esto no significa que las relaciones comerciales entre los tres países se realizarán bajo nuevas reglas en lo inmediato. Significa, más bien, que cada año los socios se sentarán a revisar los diferentes capítulos del tratado para alcanzar nuevos acuerdos. Tampoco significa que no haya razones en México para preocuparnos y repensar nuestro futuro. Por el contrario, la política aislacionista de Donald Trump obliga a México a revisar con seriedad el sentido del acuerdo comercial, signado en 1994 y refrendado en 2018. La viabilidad de nuestra economía y del país dependerá del interés, la inteligencia y el compromiso con el que las autoridades mexicanas delineen la ruta de nuestra economía, por lo pronto, de aquí al 2036 y, después, hacia más adelante. Si en 1994 lo más conveniente para las tres economías era la integración, en el contexto actual, Donald Trump privilegia la seguridad económica, aun si esto implique sacrificar buena parte de la eficiencia del libre comercio.

¿A qué aspiramos? es la pregunta que obligadamente debemos hacernos en esta crítica coyuntura. La decisión no significa necesariamente una crisis para nuestro país; pero podría producirla, sin embargo. Repito: depende de nosotros.  Los expertos prevén cinco posibles escenarios: a) renegociación exitosa; b) incertidumbre prolongada; c) renegociación bilateral; d) desacoplamiento parcial de China; e) fracaso de la negociación.

La renegociación exitosa, el primer escenario, aun cuando el más deseable, es la menos probable. No hay condiciones que posibiliten pensar que habrá acuerdos en unos cuantos meses o, a lo más, en un par de años. La política agresiva y poco colaborativa de Trump no dan lugar para entusiasmos. Así, la posibilidad de que la economía mexicana crezca entre 2 y 3 por ciento pronto, gracias a un nuevo tratado, es lejana.

Varios analistas sostienen que el segundo escenario, el de la incertidumbre prolongada, es el más realista y probable. No implica ruptura, pero tampoco certidumbre. Las inversiones en nuestro país no fluirían de la manera requerida para un crecimiento sostenido. Al contrario, enfrentaríamos —de hecho, ya la enfrentamos— una desaceleración económica. Otros analistas consideran que un acuerdo bilateral entre Estados Unidos y México, dejando fuera a Canadá, no resultaría tan negativo para nuestra economía, siempre y cuando México pudiera preservar su acceso preferencial al mercado del país vecino.

En virtud de que la estrategia norteamericana consiste en fortalecer su economía en detrimento de la china, el cuarto escenario, el desacoplamiento parcial de China, podría convertirse en realidad. México podría beneficiarse de este escenario, por la cercanía con Estados Unidos, si las empresas japonesas, coreanas o europeas ya instaladas en el país sustituyen inversiones chinas para mantener el acceso al mercado del norte.

El fracaso total sólo ocurriría en el caso de que en los siguientes diez años no hubiera ningún tipo de acuerdo. Aun cuando posible, la mayoría de los analistas considera que es un escenario con muy pocas probabilidades de ocurrir.

La ruta que el país deberá seguir deberá tener en cuenta que la decisión norteamericana no sólo se funda en razones estrictamente económicas. Las hay, también y no son de menor peso, políticas. Los posibles acuerdos que se puedan alcanzar en los próximos años y la reconfiguración de las relaciones comerciales dependerá en mucho de cómo el gobierno México atienda a fenómenos como la migración; el combate al tráfico de drogas, especialmente, del fentanilo; la cooperación en la franja fronteriza; el combate a los cárteles y a los políticos que están coludidos con ellos y/o les otorgan protección, entre otras muchas cosas.

Pero el gobierno mexicano también tendrá que prestar atención al desarrollo nacional. Hasta ahora, los gobiernos han privilegiado la integración económica y poco se han ocupado de prestar la debida atención a las áreas de la economía no ligadas directamente al modelo. Si la claridad predominara, el gobierno tendrá que generar una política industrial que tienda a eliminar importaciones, una política energética profunda y alejada de consignas ideológicas pero, sobre todo, mejorar sustancialmente la seguridad social, recuperando el monopolio de la fuerza y del territorio, así como un estado de derecho sólido, a prueba de corrupciones.

Como se ve, la cancelación del tratado presenta al país la grandísima oportunidad de emprender una nueva ruta hacia el crecimiento y el desarrollo. Sin embargo, las premisas son tales que implicarían un replanteamiento del proyecto nacional.

No parece que estén dadas las condiciones para llevar a cabo esta empresa.

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