OPINIÓN

EPIGMENIO IBARRA

Al que cría cuervos y los arma
09/07/2026

Estados Unidos y México

Cruzar la delgada línea que, como decía Hans Magnus Enzensberger, separa la política del delito es algo que tanto la CIA, como la DEA o los Departamentos de Estado y de Justicia hacen continua y descaradamente.

Pactar con terroristas o con criminales, dentro y fuera de los Estados Unidos, aliarse con ellos, convertirlos en instrumentos de su política exterior o de su sistema de justicia, usarlos como arietes en sus proyectos de dominación global, aun cuando públicamente se les considere como enemigos, es algo común.

Millones de vidas se han perdido, en todo el mundo, a causa de este brutal pragmatismo de carácter típica y anacrónicamente absolutista; no hay ley, imperativo ético, consideración moral o humanitaria de ninguna especie que se antepongan a los intereses de Washington.

El gobierno de los Estados Unidos no solo cría cuervos; los arma hasta los dientes; así pasó con Osama Bin Laden y el Estado Islámico que luego le sacaron los ojos.

Lo mismo sucedió con Pablo Escobar a quien la CIA, a cambio de que financiara a los escuadrones de la muerte en El Salvador y le suministrara cocaína para canjearla por armas para la contra nicaragüense, le permitió expandir su imperio al norte del Bravo.

Aquí en México tocó a Vicente Fox y a Felipe Calderón, que fueron cómplices el 2006 en el robo de la presidencia y que encumbraron a Genaro García Luna, someterse a los designios de la DEA y proteger al Chapo Guzmán y al Cártel de Sinaloa.

Cuando en el 2108 Andrés Manuel López Obrador se propone detener la matanza, construir la paz que es fruto de la justicia y recuperar la dignidad y la independencia de México, la DEA y la ultraderecha estadounidense dan un giro estratégico a su alianza con "los chapitos".

A Ovidio Guzmán, capturado por el Ejército mexicano, extraditado por López Obrador, a sus hermanos y a otros capos a los que han convertido en testigos protegidos, corresponsables todos ellos junto a los capos y carteles norteamericanos —a los que nadie persigue— de la muerte de decenas de miles de jóvenes en su propio territorio, la DEA y el Departamento de Justicia pretenden usarlos ahora como arma contra la soberanía nacional y la democracia en México.

Quien mata, traiciona. Quien traiciona, miente. Así son estos "aliados" de la DEA; esos cuervos que han cegado ya tantas vidas y que cantarán lo que les ordenen. No importa; al final y como dice Hannah Arendt "la mera acumulación de mentiras no logra transformar completamente la realidad" y aquí el pueblo sabe que ni su presidenta ni su gobierno pactan con criminales. Se equivocó Biden al permitir que el FBI interviniera en México y que Ken Salazar, su embajador, mintiera. Se equivocará Trump si sigue sus pasos.

@epigmenioibarra

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores, y por ello no corresponden necesariamente con las de esta casa editorial ni de su sitio web




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