OPINIÓN

Clase Trabajadora: Entre el olvido y la explotación (II)
24/07/2026

Segunda y última parte

La Encuesta Demográfica Retrospectiva 2025 del INEGI documenta algo que cualquier persona menor de 30 años en México ya sabe en carne propia: la independencia se ha vuelto casi inalcanzable. Solo el 16.9% de quienes nacieron entre 1998 y 2007 logró independizarse antes de los 18 años, frente al 31.1% de la generación nacida entre 1961 y 1967. La proporción se redujo casi a la mitad en dos generaciones.

No es que los jóvenes ya no quieran irse de casa, formar pareja o tener hijos. Es que el mercado se los impide. La misma encuesta muestra que la primera unión antes de los 18 años cayó de 22.4% a apenas 15%, y la paternidad o maternidad temprana bajó de 15.9% a 10.8%. Este retraso es porque los salarios de supervivencia que ya vimos son incompatibles con el costo real de vivir de manera autónoma. Vivir solo en una ciudad mediana o grande de México puede costar más de 15 mil pesos mensuales, mientras el precio de la vivienda aumentó 8.2% solo durante 2025, muy por encima de cualquier incremento salarial. Con casi ocho de cada diez trabajadores ganando menos de dos salarios mínimos, hacer ese número no es una cuestión de disciplina financiera, es matemáticamente imposible.

El resultado es una generación de19.4 millones de mexicanos entre 18 y 27 años que no vive en la precariedad como una etapa transitoria hacia un destino mejor, sino como un estado permanente sin fecha de salida. Tener casa propia, formar una familia, lograr independencia económica son ficciones que el sistema político nunca tuvo intención de permitirles alcanzar. Y una generación que no puede visualizar ese futuro tampoco tiene motivos para creer en las instituciones que se lo niegan, lo cual (conviene decirlo) también le conviene a quien gobierna administrando la escasez en lugar de resolverla.

Lo que la cifra no dice.

Los datos que presento (oficiales) son la fotografía de un país que decidió hace mucho tiempo, que es más barato comprar paz social con dinero en tarjetitas del Banco del Bienestar que construir prosperidad con derechos. La informalidad no persiste por incapacidad del Estado: persiste porque la formalidad es políticamente más cara que la dependencia. La desigualdad se maquilla. Y la generación que hereda desigualdades profundas no hereda una crisis temporal, hereda una arquitectura completa, diseñada durante décadas, para no resolver la pobreza, sino controlarla.  El costo de sostener ese arreglo no lo paga el poder. Lo pagamos los 59.6 millones de trabajadores, y en mi caso los 19.4 millones de jóvenes que dejamos de soñar con una familia, una casa y un futuro. (FIN)





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