OPINIÓN

El cólera morbus, la enfermedad de los pobres II
30/11/2021

Comentamos en la anterior entrega que un 26v de noviembre, pero de 1833, el pueblo de San Juan Bautista (hoy Villahermosa) sufrió uno de los embates epidémicos más aterradores que haya tenido antes de esta pandemia mundial del COVID 19. Le decía que la cifra de los muertos osciló entre los 4 mil 020 en todo el estado en registro y padrón de cada municipio. Volvió a atacar en el año de 1850, 17 años después.

Llamada “enfermedad de los pobres” afectó sobre todo en los tres barrios: La Punta, Esquipulas y Santa Cruz, pasando a los pueblitos de Atasta y Tamulté, así como a otras comunidades, incluyendo Cunduacán y el puerto de Frontera. Le compartí la narración de don Humberto Muñoz Ortiz. También el checoslovaco Federico Maximiliano, Barón de Waldeck, dejó su testimonio a su retorno de la zona arqueológica de Palenque, Chiapas, donde hacía investigaciones. Llegó a la capital tabasqueña el 16 de enero de 1834.

Waldeck en su breve paso por la ciudad logró notar que los síntomas del Cólera comienzan con un ligero malestar en la cabeza, seguido una hora después de un insoportable dolor que enloquece, en la misma parte del cuerpo…”Al cabo de media hora, desapareciendo el dolor de repente, deja esperar que estos primeros síntomas no tendrían ninguna consecuencia. Pero apenas transcurría un cuarto de hora, el estómago era presa de un fuerte calambre que se repetía bien pronto en las extremidades y particularmente en la planta de los pies. Entonces sobrevivían frecuentes vómitos que agotaban las fuerzas del enfermo y que las materias expulsadas eran verdes mezcladas de bilis. Una vez calmados los vómitos cesaban todos los dolores y los pies comenzaban a enfriarse. Un invencible sopor, que al principio de la epidemia se tomaba por un resultado de los esfuerzos del paciente, embotaban los sentidos y las facultades; después se perdía el conocimiento y tras una hora de agonía, el enfermo expiraba”.

Este mismo viajero checoslovaco narra que un 9 de febrero del mismo año, con motivo del Cólera y de las festividades del Cristo Negro de Esquipulas se sacó el santo en procesión por las calles de San Juan Bautista: “ocho robustos indios llevaban sobre sus hombros, por medio de cuatro largos maderos, una mesa sobre la cual yacían, adheridos a su cruz, el Cristo de tinte negro. El cortejo en medio del cual avanzaban esta imagen, era numeroso y pintoresco. Delante del Dios los altos dignatarios eclesiásticos y civiles de Tabasco: el gobernador; el comandante de las armas y una música cuya audición deseo por castigo a mis crueles enemigos. En seguida una compañía de soldados, una masa del pueblo y mujeres vestidas de blanco llevando en la mano una vela encendida y acompañado la infernal música con los roncos de sus voces gangosas. Procesión que tenía seguramente velar por la fatídica enfermedad de los pobres e indios a quien más atacó.

De esta manera la población vivió una de las plagas más tormentosas que azotarían el estado. Con un gobernador sin apoyo (Manuel Buelta), que al contrario de apoyarlo decidieron atacarlo más y hacerlo abandonar el poder. Que por organización y representación de los barrios fue acusado de “Traición a la Patria”. Así le pagaron con esta infamia al gobernador que combatió tal epidemia. ¡Ver para creer! Solo se tiene noticia clínicamente de la labor que hizo el doctor Francisco Corroy, antiguo soldado del ejército italiano de Napoleón radicado en nuestro estado por aquellos turbulentos tiempos. También en esta época solo existía la única botica de Villahermosa, la cual estuvo ubicada entre las hoy calles de 27 de febrero y 5 de mayo. Vale la pena apuntar, que años atrás el único doctor en la provincia tabasqueña era don Antonio Eledé que para entonces ya había fallecido y posteriormente el medico Joaquín Riva Cacho, al que no mencionan las fuentes históricas de Tabasco combatiendo dicha epidemia. Y para la desgracia de los pobladores san juaneses, era casi nula la existencia de hospitales.  Ya se imaginará amigo lector como fue este infierno del Cólera en aquellos tiempos.

Para finalizar, solo basta apuntar que en la ciudad de México fallecieron 14 mil personas, por lo que el presidente en turno, Valentín Gómez Farías tuvo que aprobar el decreto la administración de quinina y ditraza. Se recomendó también, de manera empírica, la bebida de las tres lejías, la cual consistía en Tequesquite, cal apagada y ceniza, disueltas en agua. También hubo otros remedios como la ingestión de abundante agua tibia cada cinco minutos y se trató que por medio de la sobriedad y la limpieza en la ingestión de los alimentos se evitara la adquisición de la enfermedad.




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