OPINIÓN

El Mundial: Juego Profundo (I)
07/04/2026

Juego profundo

Primera de dos partes

Para el antropólogo Clifford Geertz un "juego profundo" es un evento lúdico en el que se representan y ponen en juego todos los contenidos simbólicos, e incluso estructura y orden de un pueblo. En ese sentido desde Johan Huizinga y Norbert Elías se entiende que los modernos deportes no son elementos marginales o banales de las sociedades modernas, sino que constituyen una forma central, desde los combates de gladiadores en Roma, el juego de pelota mesoamericano, las carreras de caballos en Bizancio hasta la importancia que tienen tanto el futbol americano para las sociedades americanizadas y el futbol para el resto del mundo. Huizinga expone como las ceremonias y sus rituales eran parte central del orden medieval y Guy Debord explicó como la televisión y sus formas rigen desde los años 60 a la modernidad.

Un análisis de lo que ocurre en y en torno a los "juegos profundos" de una sociedad nos puede revelar cómo es ésta y que ocurre en ésta: son una especie de holograma (cada parte contiene los mismos elementos del todo). Para el caso de México y en particular el caso de los Pumas les recomiendo ver el análisis que hace Gerardo Orellana en el libro "El aficionamiento a los Pumas de la UNAM", en donde la descripción de lo que ocurre un domingo en el estadio universitario nos deja ver la importancia del futbol, la importancia de la institución UNAM, el carácter de la sociedad de la Ciudad de México, y la creatividad de los distintos sectores sociales y culturales que se consideran a sí mismo Pumas, aunque no tengan nada en común sino ser aficionados del mismo equipo de futbol.

         Ahora se va a realizar por tercera vez un mundial de futbol en nuestro país. Lo cual demuestra el reconocimiento que le da esa peculiar organización corporativa internacional que es la FIFA nos da en función de la importancia que tiene este deporte en nuestro país. O, en otra lectura, que ya nos agarraron de su puerquito cada vez que hay que salvarles un mundial. No tanto porque tengamos los millones de Katar y grandes instalaciones, sino porque tenemos algo que no se compra con dinero, algo intangible, que es ese aficionamiento y nuestra capacidad de sumarnos incondicionalmente a cualquier mitote. Y de mimetizarnos con equipos extranjeros desde Brasil, Argentina, Bolivia o ahora -como se demostró- Irak, Congo y Nueva Caledonia.

         Se puede decir que el mundial comenzó ya con los juegos calificatorios, en Guadalajara y Monterrey; y la reinauguración del Estadio Azteca, al que infructuosamente ya antes quisieron cambiarle el nombre a estadio Guillermo Cañedo, igual que a la Bombonera de Toluca insisten en llamarlo Domingo Diez. Es decir, la imposición de la propiedad privada capitalista tanto del estadio, como el equipo, contra la apropiación popular simbólica de los mismos. El caso de la reinauguración del Azteca o Coloso de Santa Úrsula (quizás este debería ser su nombre correcto para no andar apropiándose de nombres mesoamericanos) funciona perfectamente como un espacio/tiempo de análisis del juego profundo que será el mundial: nos dice mucho. No es poca cosa que esté siendo retomado por un movimiento social como ejemplo de gentrificación, mala planeación urbana y despojo neoliberal; y al mismo tiempo estar funcionando como ejemplo de que estos procesos pueden frenarse o modularse mediante la movilización popular. Continuará.





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