PLANO TANGENTE
17/03/2026
HACER Y DESHACER DESIERTOS
«Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo».
Antoine de Saint-Exupéry
Existe algo parecido a una lucha entre los biomas del planeta: unos se quieren imponer sobre otros. Lo vemos en los bosques que colonizan tundras, en los manglares que se alargan por la costa o en las selvas que se expanden tanto como la humedad les permita. Esto ha ocurrido siempre, normalmente como consecuencia de ciclos geológicos o ecológicos de la Tierra. Sin embargo, ahora los motivos y la dirección de la evolución del planeta son distintos. El calentamiento global, la deforestación, el uso irresponsable de la tierra productiva y la urbanización han creado un campo de batalla injusto. Las condiciones actuales favorecen a los desiertos para expandir su área sobre el resto, dando pie al fenómeno de la desertificación. Ha habido esfuerzos tecnológicos y políticos muy intensos con tal de contenerla, pero aún queda mucho por desarrollar y corregir de las estrategias ideadas.
De acuerdo con las Naciones Unidas (2024), más del 40 % de la tierra del mundo sufre algún grado de degradación. Esto va al alza, pues también se prevé que cada año se pierdan 100,000 hectáreas de tierra fértil; el equivalente a la superficie de un país como Egipto. El proceso de desertificación es, a grandes rasgos, el conjunto de caminos por los cuales la tierra se vuelve improductiva e inhóspita. Cuando hay sequía, la vegetación puede morir y dejar expuesta la tierra, lo que la vuelve más susceptible a la erosión y el resquebrajamiento; lo mismo si por actividad humana directa se eliminan las plantas de una zona. Malas prácticas productivas, como monocultivos o sobrepastoreo, pueden conducir al agotamiento de los nutrientes, a la compactación y a la pérdida de biodiversidad del suelo. Adicionalmente, el riego con agua inadecuada puede salinizar la tierra y los incendios la dejan inerte.
Las consecuencias sociales y económicas del agrandamiento de los desiertos son abismales. Una de las grandes preocupaciones es la seguridad alimentaria, que se traduce en desnutrición y aumento de enfermedades. Estudios pronostican que la desertificación podría disminuir el rendimiento de las cosechas en un 12 % en el transcurso de los siguientes 25 años, lo cual incrementaría hasta en un 30 % el precio de los alimentos (AbdelRahman, 2023). Las naciones de economía agraria se ven especialmente afectadas por la pérdida de productividad en la tierra. La desertificación afecta a por lo menos 70 países cada año y hay estimaciones de que merma el 10-17 % de la economía mundial (Reinl, 2019). Esto, además de acentuar la pobreza y la desigualdad, acarrea cambios demográficos. Muchas personas se ven forzadas a migrar en busca de trabajo y oportunidades, pues sus campos han quedado inútiles.
Desde 1978, el gobierno de China ha desarrollado un proyecto ambicioso e innovador. China alberga uno de los desiertos más grandes y extremos del mundo, el desierto de Taklamakan. Para detener su expansión, se ideó un plan: rodear el desierto de vegetación, de modo que se formase un muro de contención; una "Gran Muralla Verde". El proyecto ha evolucionado junto con la tecnología disponible, y hoy en día incluye uso de drones para disgregación de semillas, implementación de inteligencia artificial para mejorar las tasas de supervivencia de las plantas y monitoreo satelital. Asimismo, se ha aprovechado el impacto persistente del sol y los fuertes vientos para producir energía en puntos muertos del desierto. Ha sido una fuente de empleo para muchas personas y se han habilitado tierras para cultivos tolerantes a climas áridos, como dátiles, uvas, higos, trigo, entre otros.
En 2024, se anunció que el desierto ya estaba rodeado por 3,000 kilómetros de barrera, algo incluso perceptible en fotografías espaciales. Gracias a esto, la cobertura de bosques en el territorio chino ha pasado de un 10 % en 1949 a un 25 % en 2025, se ha disminuido drásticamente la incidencia de tormentas de arena y se ha desacelerado el crecimiento del desierto (Pare, 2025). Aún hay dudas concernientes a si será una táctica efectiva, si se podrá sobrellevar el mantenimiento de las plantas ante condiciones tan desfavorables o si podrían surgir desbalances ecológicos ante la creación de biomas artificiales. No obstante, el gobierno de China se ha visto flexible y correctivo. Por ejemplo, a inicios de la década de los 2000 cambiaron su enfoque de solo sembrar plantas en gran volumen a otro que diese prioridad a las especies nativas resistentes a sequía y que las ayudase a sobrevivir por medio de la fijación de arena.
La desertificación es otra de las tantas formas como el planeta nos paga las desatenciones. Con el nuevo conocimiento y la tecnología es necesario empezar a probar formas de revertirla; los desiertos verdes de China serán un precedente que enseñará una manera de actuar, pero no la única. Con su enorme biodiversidad de plantas desérticas, México tiene potencial para revivir eriales. Solo hay que hacerlo con cuidado, porque la naturaleza no admite soluciones simples.
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