OPINIÓN

PRI/PAN
24/03/2026

Habemus ciudadanos

Sin lugar a dudas la confianza es uno de los atributos  más nobles del ser humano. Es algo subjetivo que se tiene, se gana o se otorga. También se pierde. Durante los últimos tiempos en México se ha hecho práctica común realizar encuestas sobre la confianza de los mexicanos. En quién confían, preguntan las empresas encuestadoras que cada vez hacen más su agosto, como se dice de manera coloquial a un negocio exitoso. Y las respuestas de quienes han tenido la fortuna de ser abordados personalmente en la calle o en su domicilio o, ya de perdida, por teléfono o por internet a través de una red social, son interesantes y una clara muestra del sentir de la mayoría de la gente.

          El común denominador de estos estudios de opinión en materia de confianza, es el papel mediocre en el que se ubica la confianza que se tiene a la parte política, ya sean partidos, entes individuales, legisladores o funcionarios públicos de los tres niveles de gobierno.

          No existe encuesta alguna en que la población diga que su mayor grado de confianza está depositada en los políticos. Siempre ganan otros: médicos, religiosos, fuerzas armadas, y sólo por debajo de la clase política se ubican los policías.

          A esta confianza que se mide a través de las consultas a la población, el especialista en estudios de opinión, sociología, sicología o ciencia política, la ha denominado "Confianza Social", para diferenciarla de la "Confianza Personal" o "Confianza Individual" que se otorga en el entorno más inmediato y cotidiano del ser humano.

          Lo común de estas dos confianzas es que se ganan o se pierden con gran facilidad, y la percepción y el sentir de quien se la retira a quien se la había otorgado, es de engaño, desencanto, decepción. "¡Nunca lo pensé!" "¡Quién lo iba a creer!" "¡Tan decente que se veía!" "¡No lo creía capaz de ser así!" "¡Nunca lo esperé!" ¡Tan decente que se veía!", son algunas de las expresiones que se dicen cuando alguien pierde la confianza en otro que puede ser cercano o no.

          Desde Maquiavelo se sabe que los simples mortales al no conocer personalmente a los políticos, a la clase gobernante, deben confiar en ellos basándonos sólo en sus apariencias y en sus signos externos. Este factor puede provocar que los poderosos se comporten de manera oportunista, enviando mensajes acordes a lo que la población desea y espera escuchar o presenciar.

          Estos simples mortales –mejor conocidos como ciudadanos-, a últimas fechas se han visto bombardeados con mensajes tendientes a convencerlos y a ganar su confianza para las contiendas electorales de 2027 y 2030. Aunque también, es oportuno decirlo, durante este tiempo se ha agudizado la desconfianza hacia los políticos y sus partidos.

          Estos dos factores se han combinado para que el PAN y el PRI anuncien su estrategia de abrir las candidaturas a los ciudadanos, escogiendo para su puesta en marcha dos fechas significativas para México, aunque se puede deducir que no para ellos: el PRI lo hizo el 18 de marzo, día de la expropiación petrolera, y el PAN el 21 de marzo día del natalicio de Benito Juárez. Pero esta estrategia aunque Alejandro Moreno y Jorge Romero la quieran hacer pasar como innovadora, no es nueva, y como ejemplo están los esfuerzos nada fructíferos de Beatriz Paredes, Demetro Sodi y Jorge Castañeda, quienes para el proceso electoral de 2026 quisieron construir candidaturas ciudadanas en el PRI, PAN y Convergencia, respectivamente. O en el proceso presidencial de 2018 cuando el PRI postuló al "ciudadano no priista" José Meade. O el más reciente experimento con la "candidata ciudadana no panista" Xóchitl Gálvez.

          Aunque a decir verdad, esta "ciudadanización" del quehacer político tiene antecedentes más antiguos, llegando a los mismísimos inicios del período neoliberal. Con Carlos Salinas de Gortari en la presidencia del país en el PRI se intentó hacer a un lado la parte corporativa e impulsar la parte ciudadana, y se ensayó desde el sector popular convirtiendo a la CNOP en "UNE. Ciudadanos en Movimiento", un frente de ciudadanos que buscaba hacer a un lado los intereses de los gremios para anteponer las necesidades de la ciudadanía, a las que primero denominaron "Nuevos Movimientos Sociales" y después "Causas Ciudadanas".

          Pero todo quedó en intención. Esta ciudadanización de la política se trivializó y quienes la encabezaron se enfrentaron a intereses creados con antelación, a quienes no pudieron vencer y pronto el sector popular del PRI retornó al redil histórico.

          Entonces, con estos antecedentes y con la actual falta de confianza que los ciudadanos o simples mortales le tienen al PRI y al PAN, todo indica que su estrategia tendrá al fracaso como su destino, por más que el anunció lo hayan hecho con bombos, platillos y tratando de darle un cariz hasta místico a los discursos de sus presidentes nacionales. Y es que Alejandro Moreno y Jorge Romero, al dar a conocer su nueva estrategia para enfrentar los procesos electorales de 2027 y 2030, se imaginaron que estaban en el balcón de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, expresando ante su grey: "Annuntio vobis gaudium magnum: habemus cives!", o lo que es lo mismo: "Os anuncio una gran alegría: ¡tenemos ciudadanos!".





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