Realidad de Muchas Madres Mexicanas

Esta celebración comenzó en 1916 cuando el Gobierno de Yucatán respaldó a las mujeres en su lucha por sus derechos sexuales y una maternidad libre y consciente, materializado en el primer Congreso Feminista

La historia del Día de las Madres tiene antecedentes en los Antiguos Egipto, Grecia y Roma, donde se celebraba el simbolismo de la maternidad. Los egipcios honraban a la diosa Isis, madre de los faraones y protectora del imperio; y los griegos celebraban fiestas en honor a Rea, madre de Zeus. En las culturas mesoamericanas, se reconocía a la madre como legitimadora de los linajes gobernantes, pero sin valoración igualitaria con los hombres. A partir de la Revolución, las mujeres exigían contar con una salud reproductiva y la elección de maternidad libre, ideas muy radicales para la época.

Así, esta celebración comenzó en 1916 cuando el Gobierno de Yucatán respaldó a las mujeres en su lucha por sus derechos sexuales y una maternidad libre y consciente, materializado en el primer Congreso Feminista. Para 1922, periódicos y actores políticos iniciaron una campaña con el fin de frenar esta emancipación femenina tachándolas de inmorales. Y el 10 de mayo de 1949, el Presidente inaugura el monumento a la madre, como recordatorio de la maternidad obligada para las mujeres. Desde entonces, este día se utiliza para celebrar a las madres mexicanas.

En México, residen casi 60 millones de mujeres de 12 años y más. Unas 40 millones son madres; y de éstas, 7 de cada 10 participan en el mercado laboral, en peores condiciones comparado con las trabajadoras sin hijos. Más de 15 millones de ellas trabajan en la informalidad, tienen un acceso limitado a la seguridad social y perciben bajos ingresos. En promedio, las madres mexicanas tienen entre 2 y 3 hijos; pero su rol como cuidadoras no siempre es compatible con el trabajo. Junto a esas desventajas, todavía tienen que dedicar hasta 40 horas semanales a tareas del hogar. Debido a ello, detienen, temporal o definitivamente, sus estudios y crecimiento profesionales.

De acuerdo con el IMCO, más del 50% de las madres han pausado su carrera. Para ellas, tener hijos puede traducirse en menores oportunidades económicas; acentuándose si su educación no alcanza el bachillerato. Estas asimetrías socioeconómicas, hacen que las mujeres sean propensas a trabajar en la ilegalidad, clandestinaje y crimen organizado; y el riesgo aumenta si son madres solteras, pobres o muy jóvenes en comunidades de alta marginación. Se inician acompañando y ayudando a sus familiares y parejas delincuentes, luego por cuenta propia en localidades y círculos pequeños, bajo el camuflaje de discretos y pequeños negocios. Para no pocas mujeres trabajar para el crimen o emprender negocios ilegales se ha convertido en protección y empoderamiento en una sociedad patriarcal y violenta sin el amparo institucional. Lo triste, son las graves consecuencias y daños irreparables para ellas mismas; como las enfermedades, la muerte y la cárcel.

Según el INEGI, cerca de 10 mil mujeres están privadas de su libertad, y casi el 70% son madres. Ya sea que hayan dado a luz en prisión y tengan con ellas a sus hijos, o que los menores estén a cargo de familiares. Más del 15% de ellas tienen algún hijo menor de 5 años. Acusadas por delitos de clandestinaje, extorsión, secuestro y narcotráfico, gran parte de ellas llevan hasta 5 años sin sentencia. Y es que 4 de cada 10 personas en las cárceles mexicanas no tienen sentencia. Una debilidad lacerante que abona a la desconfianza en nuestro sistema de justicia. Este Día de las Madres, es necesario reflexionar sobre cómo mejorar las condiciones laborales y elevar la calidad del empleo para ellas; diseñando e implementando políticas públicas que fomenten su participación laboral y económica con equidad ante sus pares varones; con especial énfasis en iniciativas y programas que favorezcan e impulsen la calidad de vida laboral y reproductiva.

Pero aún es más urgente prevenir y mitigar las causas y situaciones que obligan a muchas mujeres y madres mexicanas en el abandono familiar, institucional y hasta personal; a empeñar, vender y arriesgar sus vidas y la de sus familia en afán de lograr un poco de respeto, mejoría y dignidad. ( drulin@datametrika.com/Investigador Titular, UJAT/Director General, Datametrika Co.)