OPINIÓN

NOTA BENE

Un caso insólito de espectacular derroche político
07/08/2020

Gerardo Gaudiano fue desterrado al mar del olvido y ahora, sin pedir permiso y tampoco perdón, regresa pero no navegando, sino a nado, a rendirle cuentas al OSFE, que es en donde le han encontrado algo más que malas, malísimas, mañas, en sus cuentas cuando estuvo al frente del ayuntamiento de Centro. No seré yo quien entre en terreno de mi estimado compañero  de espacio y colega Víctor Acosta, que conoce las tripas de los números de Gaudiano que al parecer no cuadran, ni se redondean, pero si puedo afirmar que el caso de Gerardo es el más espectacular que he visto de cómo se derrocha un gran capital político. Ese capital, en una buena parte, fue heredado de su abuelo el respetado y respetable ex gobernador Leandro Rovirosa, pero en otra, no menor, fue ganado a pulso en los otros cargos de elección popular que conquistó a la buena y que se trabajó durante una década con buena fortuna hasta llegar a ocupar la presidencia municipal de la capital de Tabasco, y Villahermosa. Fue llegar a esa silla y encontrar su “techo de incompetencia”. Aceptó de buena gana meterse en la burbuja de los intereses de un par de grupos tóxicos, que le prometieron la gubernatura, y se alejó de los que habían demostrado durante toda su carrera que eran sus amigos. Puedo citar un par de casos muy sonados de personas que aun siendo familia, tuvieron que alejarse de él porque veían venir que Gerardo Gaudiano se estaba metiendo en una cueva muy parecida a la de Alí Babá que, como se sabe, era ocupada por 40 ladrones para guardar el botín de sus fechorías. Y de ahí de mal en peor. La mayoría de los amigos y seguidores fueron desechados en un concierto de Cantos de Sirena que todos los días le proporcionaban aquellos que saqueaban las arcas municipales en las que nunca había dinero para los trabajos cotidianos de la institución y el desgaste de su persona se lo llevó a una candidatura al gobierno del estado mal enhebrada, con la complicidad de víboras y tepocatas rastreras de esas que abundan en la política, y especialmente cuando tienen algo de poder. Todo fue un error desde que Gaudiano entró a la presidencia municipal y tiró por la borda la sana estructura que el mismo había construido que ya para aquel entonces estaba muy molesta con aquel en el que habían depositado todas sus esperanzas de un buen gobierno y de un futuro. Hoy lo vemos como tristemente recibe zancadillas, empujones y tropezones cuando manifiesta que quiere regresar al servicio público, quién sabe con cuales méritos que el supone que todavía le queden. Y pretende que todo lo que hizo, lo que no hizo y lo que permitió que hicieran a su nombre se olvide en el limbo de la historia a la que no le reconoce derecho alguno a juzgarle. Está mal Gerardo y también a él le alcanzará la realidad en poco tiempo. Quiere decirse que si los ayuntamiento quebraran como quiebran las empresas, Centro y Villahermosa, cuando salió Gaudiano, estaban en bancarrota. Dicen que en su campaña se gastó lo que no tenían las arcas municipales. Para eso lo ha citado Fiscalización, para que se aclaren los números, si es que se puede. ¿Cómo nos administran tan mal unos señores que son tan buenos administradores de lo suyo que en algunos casos ahorran al año más de lo que ganan anualmente?




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