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EL SOL DEL SURESTE



11/01/202611:00 a.m.Autor: JOSE DEMETRIO PÉREZ.Fuente: El Sol del Sureste
La leyenda de la Casa de los Azulejos
Una tragedia alejó a la familia que la habitaba en nuestros días aseguran que en ocasiones se escucha una risa infantil

Villahermosa. -

EN EL CORAZÓN DEL ANTIGUO VILLAHERMOSA

La leyenda de la Casa de los Azulejos en Villahermosa es una de las más conocidas y contadas en la ciudad Capital, por eso, aunque existen algunas variaciones, hoy les traemos una de las más completas y detalladas.

Casa de familia

  • En el corazón del antiguo Villahermosa, durante el siglo XIX, se alzaba una imponente casona que pertenecía a una de las familias más acaudaladas de la región: los Ferrer. Don José Ferrer y su esposa, Doña Carmen, eran conocidos por su riqueza, su elegancia y su profundo amor por sus tres hijos: Manuel, el mayor, un joven apuesto y prometedor; Sofía, la mediana, una muchacha de gran belleza y talento para la música; y la pequeña Elena, la luz de los ojos de sus padres, una niña dulce y alegre que llenaba la casa de risas y travesuras.

Elena, con tan solo ocho años, era una niña especial. Amaba los colores, especialmente el azul, que le recordaba al cielo y al mar. Pasaba horas dibujando y pintando, y su habitación estaba llena de sus creaciones, todas ellas impregnadas de ese tono celeste que tanto le fascinaba.

Una desgracia

Un día, una terrible enfermedad, posiblemente fiebre tifoidea o alguna otra dolencia común en la época, azotó la ciudad de San Juan Bautista. La pequeña Elena fue una de las primeras en caer enferma.

A pesar de los cuidados y los esfuerzos de los mejores médicos de la región, la salud de la niña se deterioró rápidamente. Don José y Doña Carmen estaban desesperados, pero nada parecía funcionar.

  • En medio de la angustia, Doña Carmen hizo una promesa a la Virgen de Guadalupe: si su hija se salvaba, ella transformaría la casa en un templo dedicado a su memoria. Sin embargo, la enfermedad fue más fuerte y, tras una larga y dolorosa agonía, la pequeña Elena falleció, dejando a sus padres sumidos en la más profunda tristeza.

La partida

Doña Carmen, devastada por la pérdida de su hija, no pudo soportar la idea de seguir viviendo en la casa donde tantos recuerdos compartía con Elena. La casa, que antes era un símbolo de felicidad y prosperidad, se había convertido en un lugar de dolor y sufrimiento.

En ciertas épocas hay quienes aseguran escuchar la dulce risa de aquella niña que impregnada de felicidad cada rincón de aquella casona, hoy conocida como La casa de los azulejos.


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