OPINIÓN

El Mundial: Juego Profundo (II)
08/04/2026

Estadio Azteca

SEGUNDA DE DOS PARTES

         Los hechos demuestran que nuestra identidad no es el orden plano y colonial que desde sus principios defiende el PAN y que piden los intelectuales desde los Zuzundegui hasta Octavio Paz pasando por Roger Bartra y Aguilar Camín. Somos un pueblo desordenado y mitotero. Es nuestra cultura. Básicamente lo que hay en estos autores es clasismo, colonialismo y por lo tanto racismo: el México imaginario que denunció Guillermo Bonfil Batalla confrontado con el México Profundo. La dinámica del proceso mostró las dos caras de México: por un lado la imposición de proyectos del narcisismo de los caciques ahora financieros, pero con mentalidad de hacendados; el gobierno que necesita justificarse con actos materiales; y la resistencia, protesta y creatividad popular.

         Por un lado tenemos las obras de mero farol, innecesarias, sin diagnóstico, planeación o consulta: se propuso rediseñar al Azteca, sus alrededores y toda la calzada de Tlalpan como el Megaproyecto de Televisa, Conjunto Estadio Azteca (CEA), que materializaría la propiedad jurídica del entorno del estadio construyendo un enorme centro comercial de cuatro pisos y un hotel de 7. Y en otro nivel, pero igual, de mero farol: el segundo piso sobre el inicio de la Calzada de Tlalpan y sobre todo la ciclovía en la misma. Se trata de presumir modernismo y sustentabilidad, pero la ciclovía tiene un rechazo absoluto por parte de vecinos y usuarios de la vía por innecesaria, porque la congestiona aún más en las horas pico y porque el diseño con enormes topes y jardineras convierte cada salida a cada calle en un lugar de alto peligro tanto para coches como para ciclistas. Y además, impide la actividad de les sexoservidores de toda gama de géneros que tradicionalmente trabajan en las esquinas de la Calzada, al grado de que ya se han manifestado cerrando el tráfico y pueden ampararse respecto a su derecho al trabajo (lo malo que hay detrás de esta actividad, el lenocinio y la trata de personas no resulta afectado). En este caso lo particular es que siempre los mundiales han estado relacionados con un aumento de este tipo de actividades ahí donde se realizan.

         Pero por el lado desmadroso del mexicano, cabe incluso la iniciativa privada con su inconclusa modernización del estadio, el error garrafal que desde las primeras filas no se ve la cancha, y que existen condiciones para accidentes mortales como el que marcó la inauguración. Para todo mundo la remodelación real fue sólo ponerle una manta roja arriba. El Centro Comercial no se construyó tal vez por la resistencia popular de vecinos de toda el área o por la crisis financiera de la empresa, que buscó presionar al gobierno diciendo que no estaría terminado el estadio a tiempo, para que le financiara el hueco que ella misma se creó en sus portafolios.

         Y en la resistencia está el movimiento antigentrificador que se encuentra movilizado en las mismas explanadas del estadio desde hace meses con su propio torneo de futbol. Pero también resalta que el público asistente, a pesar de no ser de clase popular por los exagerados costos de los boletos no se porta "a la altura", como lo regañan los comentaristas deportistas, al no dejarse vender gato por liebre y castigar el mal desempeño del equipo de Televisa (que usufructúa los colores y nombre nacional) al no apoyar "incondicionalmente" al tri, sino abuchearlo y lo más humillante: corear oles a favor del equipo extranjero visitante. Y, además, con ese incomparable sentido del humor nacional, "nomás por fregar", le vuelven a gritar p... ahora al portero nacional sabiendo que la FIFA castiga a la Federación Mexicana por eso que ni poniendo en el Sonido Local el Cielito Lindo ridículamente a todo volumen se puede ocultar.

         En la prohibición de la palabra p... (existente como insulto en la España de 1467 cuando se le aplicó a un rey, y en el 1599 en la novela de la Celestina, además del uso "moderno" (desde el siglo XVI) como adjetivo intensificador) más que corrección política, hay clasismo, mojigatería, etc. Porque además, nadie se engañó, se gritó por calificar el decepcionante empeño del equipo y nada más. Nada que ver, por ejemplo, con el sí grave caso en España donde no se les castiga por gritar contra el islamismo, con la paradoja de que el mejor jugador español actual profesa esa religión. Y que quieran o no, tras 700 años de ocupación, España es medio árabe (basta analizar el idioma que hablan), como México tras 300 es medio latino o ibero. Imposible, tonto e innecesario negar la conquista y el mestizaje, éste último que nos hace, como le molesta a los racionalistas occidentales clasistas, un p... (uso intensificador del adjetivo) desmadre popular fuera de toda etiqueta mojigata conservadora o neoliberal. (Fin)





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