OPINIÓN

Escala Crítica
15/06/2026

Periodismo y escándalo normalizado: verificación, democracia, problemas sociales

* Importancia social del escándalo, brete: justicia pública, pero no legal               

* Virtual y mediático: más allá de la verificación, narrativa de melodrama          

* Monsiváis 1998: "todo lo queremos concebir a través del escándalo"         

ES LO DE HOY: lo importante se nutre de lo escandaloso. Lo interesante (aparente o no) desplaza a lo importante. La realidad es un espectáculo permanente pero efímero.

La información sin comprobar moldea el escándalo y lo proyecta como normalidad social. ¿Habitamos el espacio público de niebla/rumor, narrativa de melodrama? El escándalo normalizado es útil en sentido político, como atmósfera cultural de justicia pública pero no legal. El escándalo es plataforma de polarización que no sanciona nada, aunque sí afecta reputaciones y determina acciones políticas deleznables.

Si actores públicos participan del escándalo, si usuarios de redes privilegian rumores sin comprobar, entonces nadie escapa al descrédito y todo se normaliza.

¿Y todo se vale? Por el bien común, ojalá que no.  

RESORTES NO TAN OCULTOS

LOS ESCÁNDALOS mediáticos necesitan un resorte, manifiesto u oculto. Escribe John B. Thompson en ´El escándalo político. Poder y visibilidad en la era de los medios de comunicación´ (2004): "La producción de escándalos mediáticos viene también configurada por individuos que utilizan a los medios para promover sus propios objetivos políticos". El individuo poderoso, político o empresario, lanza sondas de escándalo para apuntalar sus intereses. Llámese Donald Trump, Javier Miley, Elon Musk o Jeff Bezzos. La conexión poder político/influencia mediática normaliza lo extraño: "El escándalo se desarrolla en los medios, y las actividades de los profesionales y las organizaciones mediáticas, con sus prácticas y ritmos de trabajo particulares, desempeñan un papel crucial". Este cerco político y mediático es complementado por usuarios de redes sociales. A un escándalo articulado por actores políticos, le sigue escándalo digital multiplicado por usuarios anónimos y granjas de bots (robot informático). Así domina el escándalo normalizado.

En el escándalo mediático, la ética de verificación periodística cede el paso a una narrativa de especulación. El escritor E.L. Doctorow caracteriza el mundo digital: "Ya no se tiene sentido de la decencia. Se tiene sentido del escándalo".

MÉXICO EN UNA LAGUNA

EL ESCÁNDALO como constructor de opinión pública, preocupaba a Carlos Monsiváis allá por 1998. Intuición profética: el escándalo sigue ascendiendo en el siglo XXI y consolida narrativas efectistas vía televisión, internet y redes virtuales (sociales). ¿Se pueden resolver problemas sociales con escándalos mediáticos? Postura Monsiváis: "La sociedad se ha dejado sobredeterminar por el escándalo y sus lecciones. Ya todo lo queremos concebir a través del escándalo. O no lo queremos concebir, sino que lo estamos viviendo a través del escándalo, y eso, desde el punto de vista de una sociedad racional, es terrible". Lamentable: no se trata de limpiar la casa, sino de vociferar y practicar indignaciones normalizadas. Adiós al criterio de veracidad que apunta a posibles sanciones legales. ´Bienvenido´ el toque mercantil de vender hechos no comprobados.

¿Y LA INVESTIGACIÓN?

DESDE EL ÁNGULO periodístico, lo preocupante del escándalo es que entroniza las primeras impresiones de un suceso. Impresiones exprés que cancelan el periodismo de investigación. Bajo esta perspectiva, es crucial diferenciar escándalos que se detonan por un trabajo de investigación, frente a escándalos de impresión exprés. Sin investigación, se pierde algo esencial: la ética de verificación.

¿Qué ocurre cuándo las dos narrativas se mezclan en el espacio público?  Dice John B. Thompson: "Uno puede verse confrontado cada día, al hilo de los ritmos de las publicaciones periodísticas o de los programas de televisión, a nuevos giros y vuelcos, en la que las viejas certidumbres pueden derrumbarse de repente al tiempo que emergen hipótesis nuevas, y en la que los argumentos pueden volverse tan enrevesados que incluso los seguidores más minuciosos pueden empezar a extraviarse". Moral del siglo XXI: que los problemas sociales sean opacados por escándalos, ¿para que nadie encuentre soluciones? 

Vivimos en el vértigo del momento: todo ahora, todo inmediato; no importa el pasado que sustenta la historia y tampoco el futuro que construimos con lo de hoy. Tiempo desechable, como las vidas.

(v[email protected])

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