OPINIÓN

Número cero
02/05/2026

Novela

En 1992, un periodista venido a menos acepta el extraño encargo de escribir las memorias de un periódico que nunca saldrá a la calle. Esa es la situación que sostiene el eje narrativo de "Número Cero", la novela que Umberto Eco publicó en 2015 y que fue leída, en su momento, como una sátira del ecosistema mediático italiano. Al releerla hace poco, no pude evitar pensar en quienes, lejos del ejercicio periodístico, han convertido las redes sociales en un escaparate para alimentar intereses políticos.

El narrador se llama Colonna, un hombre de letras sin carrera ni patria que acepta trabajar para un misterioso editor de nombre Simei. Su tarea consiste en producir una serie de "números cero" —ediciones de prueba, jamás destinadas al público— de un diario llamado "Domani". Pero ese periódico no existe para informar; su verdadera función es presionar a políticos y figuras públicas en nombre de un empresario que nunca da la cara.

En esa redacción fantasma, los redactores aprenden a insinuar sin probar, a sugerir sin afirmar y, sobre todo, a fabricar una realidad capaz de circular como verdad.

Entre ellos destaca Romano Braggadocio, un reportero obsesivo que arrastra una teoría conspirativa de proporciones delirantes: Benito Mussolini no murió fusilado en 1945, sino que escapó con la ayuda de los servicios secretos angloamericanos, y toda la historia posterior de Italia forma parte de una operación encubierta que aún sigue en marcha.

En la que sería su última novela, Umberto Eco construyó algo más que una intriga periodística. Escribió un manual de anatomía de la mentira mediática y lo hizo con la frialdad de quien pasó décadas estudiando el funcionamiento de los signos. El periódico "Domani" se configura como prototipo de lo que hoy se conoce como medios de operación, es decir, plataformas a las que poco les importa informar con responsabilidad y rigor, porque han sido concebidas para influir, atacar o blindar intereses.

En el ecosistema digital, ese modelo se ha multiplicado y perfeccionado hasta volverse difícil de distinguir de un medio legítimo, lo que exige un esfuerzo que la mayoría no está dispuesta a hacer.

La paradoja de la infodemia —cuando todo es revelación, nada escandaliza— es el fenómeno central de la era de las redes sociales. Eco lo anticipó con precisión. La saturación de noticias impactantes produce una forma de anestesia cívica en lugar de indignación.

Braggadocio, con su mezcla de datos verificables y fantasías delirantes, es el retrato anticipado del conspiracionista contemporáneo, mientras que Colonna es el arquetipo del periodista capaz, pero sin empleo estable, por lo que está dispuesto a aceptar cualquier encargo por necesidad económica.

El libro termina sin justicia: Braggadocio muere, el empresario corrupto permanece intacto y los mecanismos del poder continúan operando sin fisuras.

"Número Cero" es una novela breve, casi un cuento largo. Leerla hoy produce la incomodidad de reconocerse en sus páginas. No en la Italia de 1992, sino en cualquier país donde la corrupción mediática y la impunidad política conviven; donde la verdad se publica y se olvida al día siguiente; donde publicar —sin que ello merezca siempre el nombre de periodismo— sirve, con demasiada frecuencia, a quien financia la línea editorial.





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