OPINIÓN

Yo, candidato
21/04/2026

2027 y 2030

Aún no termina de hacerles digestión el proceso electoral de 2024, y los actores políticos ya están preparando el banquete para los procesos de 2027 y 2030, y alguno que otro hasta para el 2036. Y así como los políticos se alistan para participar en la comilona electoral, de la cual, estoy cierto, más de uno saldrá empachado y con otros malestares estomacales o hasta de personalidad, el ciudadano de a pie también se alista para tomar la decisión de apoyar o no a la opción que más le satisfaga o convenga, así como de ejercer su derecho al voto universal y secreto en favor del candidato que más le llene la pupila.

          Y, ¿cómo se alista el ciudadano?, es una pregunta que aparece cada vez que es tiempo electoral, y la respuesta más obvia es que cada ciudadano tiene su forma o método de hacerlo. Yo, por ejemplo, lo primero que hago es identificar mis deseos personales y sociales, y a partir de ahí identificar también cuál de las opciones resulta afín a ellos. Y de entrada, me oriento con mi propia identificación ideológica y política, y ello me permite decantar lo que se presenta, y por ello la primera decisión que tomo es en sentido doble: 1.- Siempre he decidido no beneficiar con mi sufragio a ninguna opción partidista y personal identificada con la derecha, y mucho menos con la ultraderecha; y 2.- Siempre he votado por la izquierda, y esto ha sido así desde que por vez primera me enfrenté a la urna y emití mi voto a favor del Partido Comunista y de su candidato a la presidencia del país, don Valentín Campa, y de eso hace ya medio siglo.

          Así, sabiendo que votaré por la izquierda, el siguiente paso es ponerme en los zapatos de un posible candidato y, con ello, en mi imaginación plantear lo que a mí me gustaría que me ofrecieran, para que, entonces, me convenzan. De entrada, hoy en día puedo identificar varios aspectos para una imaginaria propuesta de ejercicio gubernamental que abarque diversos rubros sociales, económicos y políticos –internos y hacia el exterior-.

          Así, por ejemplo, si yo fuese candidato a algún puesto de elección popular, de manera general, lo expongo ahora, ofrecería, de entrada, doce puntos, con la reserva de modificarlos, ampliarlos y fortalecerlos según vaya avanzando el imaginario proceso electoral: 1.- Mayor capacidad competitiva, productiva y de innovación tecnológica, encaminada al desarrollo, el progreso y la autosuficiencia alimentaria; 2.- Mayores estímulos a la inversión que tenga más oferta de empleo mejor remunerado; 3.- Mayor fomento al turismo, comercio, industria, agroindustria y a la prestación de servicios, impulsando a la vez una política tributaria justa; 4.- Mayor inversión en infraestructura en todos los rubros; 5.- Mayor equidad social, económica, política; 6.- Mayor impulso a la conciencia cívica y ciudadana en beneficio de todos los sectores sociales y económicos, en especial de los más vulnerables; 7.- Mayor fomento a los derechos humanos y a los derechos sociales, respetando y fortaleciendo en todo momento el Estado de Derecho; 8.- Mayor sustentabilidad urbana, rural, industrial y en el consumo de energías limpias; 9.- Mayor reforzamiento en el combate a la inseguridad y a la delincuencia organizada; 10.- Mayor presencia en política internacional, anteponiendo en todo momento la máxima de Benito Juárez y la Doctrina Estrada; 11.- Mayor impulso a la democracia política, social y, en especial, la económica, impulsando la equidad en el reparto de la riqueza, fortaleciendo entre otras medidas, a los programas sociales y a un salario mínimo justo y suficiente para elevar la calidad de vida de los más necesitados; y 12.- Mayor fortalecimiento del sistema de educación nacional, contemplando la producción, conservación y difusión cultural y deportiva, en beneficio de los estudiantes y sus familias.

          Así, el siguiente paso sería identificar si estas propuestas generales coinciden con las que los candidatos ofrecerán al posible elector. Claro, sin hacer a un lado la certeza que en las propuestas de campaña, todos ofrecen el oro y la mirra, al fin y al cabo que, dicen por ahí, prometer no empobrece. Y es aquí en donde el círculo se cierra regresando al origen de mis convicciones políticas e ideológicas, mismas que se pueden explicar en cuatro palabras: Voto por la Izquierda.

          POSTDATA.- El periodista Juan Becerra Acosta en su artículo "Oposición, al diván", pregunta si "la oposición en México, ¿es sana?", y él mismo responde: "La oposición no es ajena a presentar síntomas de seudología fantástica, o mitomanía, que consiste en el comportamiento de mentir compulsivamente", y propone una solución: el diván. Estas palabras del comunicólogo hacen pensar que la oposición en México no sólo presenta padecimientos en su estructura mental, sino también en la física con síntomas similares a la fibromialgia: agotamiento, dolor crónico, rigidez en su cuerpo, así como niebla mental en su funcionamiento y en sus resultados electorales. Es decir, la oposición además de ir al diván debería visitar al reumatólogo.





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