OPINIÓN

El Bosque, Centla, primera comunidad de desplazados ambientales
28/04/2026

La orilla del río y del mar

Un domingo muy normal a la orilla del río y del mar. Es un día soleado, pero no hace ese calor brutal que se acostumbra en esta costa, hay una muy agradable brisa marina. Familias del municipio ocupan los nuevos playones que han aparecido del lado del río con sus carpas, sillas de plástico y se divierten caminando sobre el fondo bajo hasta100 metros dentro del enorme río. Para "la punta" hay que atravesar un camino estrecho donde se revuelve arena con pedazos de cemento y asfalto. Se llega a otro espacio donde hay palapas en la que a medio día conviven las familias visitantes con los pescadores que a estas horas están regresando para entregar su cosecha de mar a las neveras, ayudados por sus propias familias. Desde las neveras se redistribuye la pesca hacia la cabecera municipal o se comercializa más lejos. Apenas unas pocas casas y una tienda con un gatito viejo y gordo. A 50 metros, del otro lado ya está el mar. Un camino estrecho permite acceder al histórico faro que sigue funcionando, Hay otro espacio con palapas ocupados por familias, también del municipio, cuyos niños y jóvenes aprovechan los estanques que se forman tras una antigua valla metálica destruida que persiste a nivel de la superficie. Caminando hacia la punta, bajo manglares y árboles llamados botoncillos, grupos de jóvenes se reúnen en la sombra para escuchar música y convivir. Hacia la punta, la valla metálica se revela como parte de un largo muelle de concreto, semidestruido de que se interna en el mar y donde la brisa golpea más violenta. En fin, un paisaje semi paradisíaco que cumple con el viejo imaginario del trópico. Se antoja el recuerdo de un México que fue, un México previo al turismo, más simple, natural y espontáneo.

         Sin embargo, lo que estamos disfrutando son las ruinas de edificaciones, de un pueblo, y de espacio costero, que ahora, de hecho, se ha convertido en una pequeña península entre el enorme río que ahí fluye hacia el mar entre la margen oriente y la Isla del Buey; y la costa del mar abierto en donde éste se ha tragado al poblado de El Bosque en el municipio de Centla, Tabasco.

         Sobre la costa del Golfo de México avanza un paisaje familiar: cascotes de casas o edificaciones destruidas bañadas por el oleaje del Golfo de México. Desde finales del siglo pasado se había vivido la destrucción progresiva de la carretera costera de Tabasco, que cada dos años se tenía que reconstruir tierra adentro; luego, también de manera silenciosa se destruyó y abandonó un pequeño complejo turístico en Seibaplaya, Campeche, un tradicional salón de baile en Sánchez Magallanes, Tabasco, y luego a casi toda la población de este viejo puerto tradicional que fue importante en el Siglo XIX con el nombre de Santa Ana. Ahora se pierden comunidades del municipio de Cárdenas como el Alacrán.

         Lo que había sido un avance progresivo, desde 2023, se aceleró destruyendo una comunidad pesquera de emigrados veracruzanos en la desembocadura del Grijalva-Usumacinta, llamada El Bosque. Según, con una mezcla de resignación, pesar y nostalgia, hay varias versiones de como avanzó el mar, quien dice que fue progresiva, y quien dice que de pronto fue por uno o varios golpes de mar, coincidiendo con que en cada Norte (depresión tropical que genera alza de marea, vientos y oleaje) hay un avance que sube el nivel del agua y socava la arena en la base de las pequeñas edificaciones construidas con gran esfuerzo por los pescadores, casas habitación y escuelas.

         Lo que los pobladores describen es la desaparición de tres calles, y las ruinas más llamativas son las de la escuela y sus baños. Hay dos versiones: que ocurrió paulatinamente, o que sendos golpes de mar invadieron calle a calle. Una versión dice que el problema comenzó cuando dragaron el canal del río entre la Isla y esta orilla y tiraron esa arena en mar abierto. Era necesario para paliar o evitar la inundación de la capital Villahermosa, como en 2007; e incluso se habló de la posibilidad de recuperar como puerto la cabecera municipal, Frontera, para el comercio marino. Dicen que el avance del mar sobre el pueblo se detuvo cuando dejaron de dragar y descargar la arena en una locación en el norponiente.

         Al mismo tiempo, apoyados por la intervención de científicos y de Ongs, coinciden con el diagnóstico de las consecuencias del Calentamiento Global, eufemísticamente llamado Cambio Climático. Evidencias del retroceso de la costa hay desde los años 80, y se hablaba entonces de los cambios de aportes de sedimentos por la construcción de presas río arriba, que la costa había dejado de avanzar y comenzado a retroceder.

         Con el apoyo de científicos, académicos y ONGs, la población del Bosque ha sido reconocida internacionalmente como los primeros desplazados ambientales de México. Por decisión presidencial directa del presidente López Obrador -porque no existía categoría jurídica aplicable- se les construyó una colonia de alrededor de 51 casas de 54 mts2 y 160 de terreno al norte de Frontera, y por lo pronto cuenta con un trailer como salón de escuela. Y aunque los que se quedaron hasta el último momento recibieron su casa, regresan todos los días a la madrugada para salir a pescar. Dicen que no saben ni quieren hacer otra cosa que seguir pescando, y los jóvenes cuentan anécdotas de lo difícil que es adaptarse a las rutinas y trabajos urbanos de Frontera. Riéndose, algunos dicen que les da miedo ir a Villahermosa.

         Los fotógrafos Edmundo Segura y Mirandelly Marín llevan años dando cursos de fotografía a los niños, y han generado un registro fotográfico del proceso, incluyendo varias fotos de alta calidad, desarrollando una particular estética de la destrucción o abandono, que parece que estará anunciando el futuro inmediato del paisaje de todas las poblaciones costeras del Golfo de México.





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