Entre la indignación y la pena ajena
07/01/2026
Tía Panista
Estoy convencido de que si la Tía Panista que las familias mexicanas tienen en la realidad o de manera metafórica, actuara con congruencia, diría que la gente de bien, la bien nacida, la nacida en el seno de familias con valores, de valores que privilegian el respeto al ser humano, ser humano que abarca al homo sapiens en sus diversas manifestaciones, lo menos que debe sentir y manifestar es indignación por lo sucedido en Venezuela. Con ella misma a la cabeza, no faltaba más.
Indignación por el acto terrorista que el presidente de un país llevó a cabo dentro del territorio de otra nación libre y soberana, con el pretexto de liberar al pueblo de un gobierno dictatorial vinculado al narcotráfico; y además, de secuestrar al presidente de ese país y utilizar a miembros de las fuerzas armadas como meros polleros que trafican con seres humanos indocumentados, trasladarlo sin visa, sin pasar los controles de migración y sin revisar sus redes sociales para ver si ha hablado mal de aquel gobierno, a fin de juzgarlo por unos delitos que a la fecha no han sido comprobados, pero que, a decir verdad, eso no importa nada, como no importó cuando en 2003 ese país invadió Irak y derrocó a su presidente con el pretexto de que esa nación tenía armas de destrucción masiva que lo ponían en riesgo, así como a sus aliados, pretexto que después se comprobó que era mentira, pero ello no importó y ese país se quedó una década en el territorio invadido.
Indignación porque este acto en contra de la soberanía de una nación, lo ordenó un ser humano considerado por la justicia de su propio país, como un delincuente confeso de más de treinta delitos entre los que se encuentran la falsificación de documentos y la compra del silencio para esconder su participación en actos de prostitución, entre otros. Además de que en tiempos recientes se le acusa de probables actos de pederastia o de, al menos, asociación personal con pederastas, lo que lo podría convertir en cómplice de actos de lesa humanidad como son el acoso infantil y la relación sexual con menores de edad.
Indignación porque un delincuente confeso y probable pederasta, en funciones de presidente del país más poderoso del mundo, o al menos de esta parte del mundo, violando tanto su legislación local como la internacional, se tome la atribución de ser el líder moral del mundo, y entonces en actos de soberbia protegidos por las armas y vistos a la distancia pero en tiempo real a través de las comunicaciones militares, invada un país, secuestre a su presidente, lo acuse de delincuente, y además se atreva a amenazar a otros países y a otros presidentes.
Indignación porque lo que en realidad este supuesto líder moral del mundo mostró con sus recientes acciones, es que sus reales motivaciones son totalmente diferentes a las que argumentó durante los más recientes doce meses, y entonces dejó ver con un alto grado de cinismo que lo que le interesa es el petróleo, y no el combate a la dictadura y al narcotráfico, y mucho menos el pueblo y la democracia. Y también mostró el alto grado de supeditación que el poder político-militar tiene respecto al poder económico.
Pero bueno, lo cierto es que esta Tía Panista que todas las familias tienen, no mostró indignación, sino todo lo contrario: lo que manifestó es una completa satisfacción y alegría por lo sucedido en Venezuela, y en un acto de supeditación y de colonización personal, gritó a los cuatro vientos que espera en Dios y en la bondad del auto erigido líder moral del mundo, que la siguiente invasión sea en México, utilizando los mismos argumentos: que este país está gobernado por una narco dictadura, no en vano lleva siete años diciendo que México es Venezuela.
Además, esta Tía Panista mostró el mismo anhelo que tuvo la recientemente galardonada con el cada vez más desprestigiado premio nobel de la paz (así, con minúsculas): que ella se convierta en la dirigente de su país, deseo que el presidente invasor de inmediato desactivó y a la heroína de la derecha la puso en su lugar descalificándola, hecho que pareciera que nuestra Tía Panista no vio y entonces sigue creyendo que si el ejército más poderoso de esta parte del mundo nos invade, ella será sentada en la Silla del Águila.
Nuestra Tía Panista no mostró indignación por lo sucedido en Venezuela, y con sus reacciones al respecto, lo que en realidad provocó es que esa gente de bien, la bien nacida, la nacida en el seno de familias con valores, de valores que privilegian el respeto al ser humano, ser humano que abarca al homo sapiens en sus diversas manifestaciones, sienta cierta pena ajena por ella. Y que conste que como Tía Panista me refiero a esa gran parte de la oposición que al no tener argumentos, propuestas y posibilidades de por sí misma convencer al electorado y, con ello, acceder al poder político, apuesta por la intervención extranjera.
Es por ello que estas líneas se llaman como se llaman, porque de seguro casi todos los mexicanos así nos sentimos hoy en día: entre la indignación y la pena ajena. He dicho.
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