OPINIÓN

PLANO TANGENTE
23/02/2026

ALREDEDOR DE LA MOSCA DEL CUERNO

«Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo».

Miguel Hernández



En la ganadería tropical hay algunos enemigos más obvios que otros. A simple vista se hacen notar sequías, precios y enfermedades, pero otros son diminutos y obstinados. Uno de ellos vive adherido al lomo del ganado casi toda su vida: la Haematobia irritans, conocida como mosca del cuerno. Aunque una no pueda parecer la gran cosa, un bovino puede cargar hasta miles, y cada una pica decenas de veces al día. El resultado no es sólo molestia, sino la alteración de la fisiología del animal. El animal deja de pastorear con normalidad, camina más para defenderse, rumia menos y desvía energía de la producción hacia la irritación constante. En infestaciones severas la ganancia diaria de peso cae de forma notoria y la producción láctea también disminuye. 

El uso de sistemas silvopastoriles (SPS), que combinan pasturas para el pastoreo de ganado y árboles, puede reducir el impacto negativo de la cría de ganado en el medio ambiente. Los SPS tienen el potencial de mejorar la fertilidad del suelo y la biodiversidad, reducir la erosión, mejorar la calidad del agua, secuestrar carbono y minimizar plagas y enfermedades. Sin embargo, los climas tropicales favorecen el desarrollo de varios ectoparásitos que afectan al ganado, especialmente la garrapata (Rhipicephalus microplus), larvas de la mosca o colmoyote (Dermatobia hominis) y la mosca de los cuernos (H. irritans).

La mosca del cuerno no nace en el ganado, sino en la boñiga fresca depositada en el potrero. Allí pone huevos, se desarrollan larvas y finalmente emergen adultos que vuelan directamente al animal. Surgen del suelo, viven en el bovino y así sucesivamente. Por eso el control moderno no se enfoca en el lomo sino en el estiércol. La naturaleza ya tenía especialistas en ese trabajo: avispas microscópicas como Spalangia endius y Muscidifurax raptor. Estas especies localizan la pupa dentro del estiércol, ovipositan en ella y, en vez de emerger una mosca, emerge otra avispa. Un metaanálisis reciente en sistemas pecuarios documenta reducciones poblacionales superiores al 70 % tras liberaciones periódicas de avispas parasitoides, estabilizando las infestaciones por debajo del umbral económico (Machtinger et al., 2021).

Durante décadas la respuesta para el control de ectoparásitos fue química: baños, pour-on, aretes impregnados, ivermectinas, etcétera. Y funcionó hasta que dejó de hacerlo. Los parásitos de la actualidad han desarrollado resistencia a estos tratamientos. Entonces, la pregunta ha pasado de ser cómo matar la mosca a cómo romper su ciclo. Algunos insecticidas como el piriproxifeno, también empleado en agricultura, pertenece a una clase de disruptores del crecimiento de insectos con mecanismos de acción para el control de formas inmaduras del insecto. El piriproxifeno administrado por vía oral se elimina en forma activa en la masa fecal e impide la aparición de H. irritans, pero también interfiere en el crecimiento de los esenciales escarabajos coprófagos.

Los escarabajos estercoleros, además de su papel en el reciclaje de nutrientes, ayudan al control de moscas. En cuestión de horas entierran la boñiga, destruyendo el hábitat larval; sin estiércol expuesto no hay moscas. Investigaciones recientes muestran que potreros con alta actividad de estos insectos reducen hasta 80 % la emergencia de la mosca del cuerno en comparación con potreros donde están ausentes (Forbes and Scholtz, 2024). Aquí aparece una paradoja interesante, muchos antiparasitarios de uso rutinario eliminan también a estos aliados naturales. El productor elimina parásitos internos, pero simultáneamente elimina al controlador ecológico del ectoparásito. 

El tercer frente del control biológico lo constituyen los hongos entomopatógenos como Metarhizium sp. Sus esporas se adhieren al insecto, penetran su cutícula y lo eliminan sin afectar al ganado. Aplicados estratégicamente en el ambiente reducen poblaciones adultas y retrasan reinfestaciones; en condiciones de pastoreo tropical se han documentado mortalidades superiores al 60 % con efecto residual prolongado (Rodríguez-Vivas et al., 2023). Es, literalmente, una enfermedad de la mosca. 

Los problemas ecológicos exigen soluciones ecológicas. Es decir, aquéllas que consideren la complejidad de todo el sistema. La mosca del cuerno no es un asunto veterinario aislado. El insecticida es un intento de solución simple; el control biológico, en cambio, es una reestructuración profunda. Y la naturaleza da la razón: cuando se combinan parasitoides, escarabajos y uso racional de antiparasitarios, la población de moscas deja de presentar explosiones estacionales y se mantiene baja de forma estable. Esto conlleva menos aplicaciones de agroquímicos, menor gasto y menor presión de selección para resistencia. En lugar de intervenir más, hay que hallar cómo intervenir mejor. El siglo pasado se caracterizó por la imagen del productor que combatía a la naturaleza, que la domaba; sin embargo, el del presente tiene que trabajar con ella. Comprender que el potrero es un ecosistema es el comienzo para plantear sus problemas y sus soluciones. La innovación no siempre radica en un aparato o un químico nuevo, a veces es un cambio de paradigma. 

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