OPINIÓN

Poder Político
13/04/2026

¿El fin?

Emergido de una alianza entre facciones afines a los postulados de la «Revolución Mexicana», y durante gran parte de sus 71 años de hegemonía entre 1929 y 2000, además extremadamente autoritario, el Partido Revolucionario Institucional está literalmente destinado a desaparecer para las elecciones de 2030; su presidente nacional Alejandro «Alito» Moreno Cárdenas lo sabe perfecto, por eso su desesperado grito para que desde este  2027 se concrete el bloque de oposición que le compita al «Movimiento» del oficialismo, teniendo en el fondo de la forma esta balsa que le permita la supervivencia evitar su extinción.

En medio del repudio popular generalizado hacia los partidos políticos y a sus liderazgos en el último de los peldaños en innumerables encuestas, el PRI lleva la peor parte y por mucho; no en vano el resentimiento porque como régimen no le cumplió a los colectivos sociales en sus exigencias de justicia social, alejándose cada vez más con el agotamiento incluso del asistencialismo.

Bajo el paraguas de las «conveniencias», el PRI no tuvo ni tendrá guiñó alguno en primera instancia de Acción Nacional, presidido por Jorge Romero Herrera; que en su reciente asamblea nacional determinó desmarcarse de cualquier vínculo electoral en particular con el PRI, que en 2021 y 2024 le condujo al pragmatismo, con el consecuente abandono su ideología y sus principios de doctrina por ambicionar el regreso al poder presidencial por asta vía; aunque no descarta coaliciones con partidos políticos locales e incluso con Movimiento Ciudadano.   

La pretensión de pactar una coalición con del PRI con Movimiento Ciudadano será imposible, habida cuenta las diferencias irreconciliables entre ambos llevados al uso de los spots con contenido de repudio en sus tiempos oficiales de que disponen, y los enfrentamientos entre Alejandro «Alito» Moreno Cárdenas y Jorge Álvarez Máynez, incluso desde que este era candidato presidencial en las campaña electoral de 2024 con la exigencia de que declinara a favor de Xóchitl Gálvez Ruiz.  

Nada queda de la militancia de 12 millones empadronados en sus mejores tiempos, la gobernanza local y municipal en la generalidad de los estados, el Congreso de la Unión con mayoría calificada y simple hasta que en 1997 dejó de serlo, y con un presidente de la República de su cuño, así como en las cámaras estatales, que lo hacían un partido político per se preciado de ser el único de naturaleza nacional. Ya nada queda reducido a la mínima expresión, uno más de la chiquillada que trató con desdén.

El combo de un partido-gobierno al que el extinto escritor peruano Mario Vargas Llosa bautizó como la «dictadura perfecta» que luego de perder el poder en el 2000 regresó en 2012 para perderlo otra vez en 2018, desde entonces empezó a desvanecerse; asumió haber aprendido de sus errores, aunque sus acciones mostraron lo contrario.

A los gobiernos del PRI se le reconoce su contribución al desarrollo y crecimiento socioeconómico, las instituciones públicas. Las instancias de seguridad  social y de salud, la infraestructura física en México; aunque con un desprecio por el sur y sureste mexicano al cual le explotó su riqueza con un escaso beneficio de retorno.

La irrupción en julio de 2014 de un autodenominado «Movimiento» con registro de partido político sin realmente terminar de serlo por los múltiples intereses en conflictos, fue hacia migraron los liderazgos y militancia para constituirse en su antítesis y le ganó todas las plazas que hasta 2021 gobernaba, excepto Coahuila y Durango. Otra parte optó por migrar a Movimiento Ciudadano.

Sobre el entramado de las «conveniencias», ahora los denominados por el ex presidente de la República como «Primor» se alinearon a la máxima; «Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error», acuñada por César Uscanga, líder sindicar y político de la época hegemónica, en referencia a que la verdadera prosperidad, poder y seguridad económica para un político solo existían mientras se ocupara un cargo público y se tuviera acceso al erario; por ello principalmente los priistas del pasado ahora militan en el «Movimiento» y su régimen.

Las grietas que empezaron a darse en 1987 con la salida del ala izquierda liderada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez; la «Caída del sistema», el reconocimiento la primera gubernatura perdida en Baja California en 1989, continuada por otras tantas, hasta perder en la presidencial de 2000 y 2018 reflejan mucho de los por qué de caída de un gigante como el PRI, en donde Alejandro Moreno Cárdenas y su perpetuación en su dictadura priista llegó para ser el sepulturero.   

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