OPINIÓN

UNIVERSIDADES QUE CREAN
08/06/2026

Universidades

«El pensamiento es estar siempre de paso».

Luis Eduardo Aute


Desde sus orígenes, las universidades fueron uno de los principales depósitos de conocimiento de la humanidad. Quien deseaba instruirse en cualquier área del saber, desde la medicina hasta la filosofía, debía acudir a una institución donde se concentraban los libros, los profesores y las ideas. Hoy, sin embargo, ningún dato es arcano. La información es más accesible que nunca. Surge, entonces, la pregunta: ¿esto en dónde deja a las universidades?

La respuesta puede parecer paradójica. Un estudiante puede acceder desde su teléfono móvil a bibliotecas digitales, cursos impartidos por las mejores universidades del mundo, artículos científicos especializados y sistemas de inteligencia artificial capaces de explicar conceptos complejos en cuestión de segundos. Pero eso debe venir de algún lado. Precisamente, las universidades tienen que concentrarse cada vez más en aquello que no puede encontrarse en internet: la generación de nuevo conocimiento.

La UNESCO ha señalado que la educación superior del futuro deberá asumir un papel más activo en la investigación, la innovación y el desarrollo de soluciones para los grandes desafíos globales, desde la seguridad alimentaria hasta el cambio climático y la sostenibilidad. Las universidades no pueden limitarse a transmitir información; deben contribuir a crear las respuestas que la sociedad aún no tiene (Holmes & Miao 2023).

Durante siglos, el modelo educativo estuvo basado en la escasez de información. El profesor poseía conocimientos que el estudiante no tenía. El aula era el espacio donde esa información se transfería. Pero cuando cualquier persona puede consultar una duda en segundos mediante una inteligencia artificial o acceder a miles de documentos científicos desde una computadora, la simple transmisión de contenidos se devalúa.

Lo anterior no significa que los profesores vayan a desaparecer ni que las universidades se vuelvan innecesarias. Significa que su función deberá evolucionar. La propia UNESCO ha advertido que la inteligencia artificial transformará profundamente la educación superior y que las instituciones deberán enfocarse cada vez más en desarrollar capacidades humanas difíciles de automatizar, como el pensamiento crítico, la creatividad, el razonamiento ético y la resolución de problemas complejos (Paredes, 2023).

El futuro del título universitario se dirige hacia un modelo más flexible y diverso, donde las credenciales alternativas ganan protagonismo. Microtítulos, certificaciones y diplomados digitales ofrecerán reconocimiento a habilidades específicas y competencias prácticas, permitiendo a los estudiantes demostrar su conocimiento de manera más tangible. Este enfoque responde a las demandas del mercado laboral actual, que valora la experiencia y la adaptabilidad por encima de la educación tradicional. Además, las credenciales alternativas fomentan el aprendizaje continuo, permitiendo a los profesionales actualizarse y especializarse a lo largo de su carrera, alineándose mejor con las necesidades dinámicas de la economía global.

En el ámbito agropecuario encontramos ejemplos muy claros. Hoy cualquier estudiante puede consultar miles de publicaciones sobre nutrición animal, genética bovina, manejo de pasturas o agricultura de precisión. Pero ningún buscador puede generar los datos que todavía no existen. Ninguna inteligencia artificial puede sustituir el trabajo de campo que permite descubrir una nueva estrategia para mejorar la eficiencia alimenticia, desarrollar una variedad forrajera más resistente a la sequía o encontrar mecanismos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en los sistemas ganaderos tropicales. Toda la información que encontramos en internet tiene algo en común: fue creada por alguien.

Cada vacuna, cada tecnología agrícola, cada descubrimiento científico y cada avance médico que hoy consultamos libremente nació primero como una pregunta sin respuesta. Y detrás de esa pregunta hubo investigadores, laboratorios, estudiantes de posgrado y universidades trabajando durante años para innovar.

Las universidades no desaparecerán, como el alarmismo anuncia, pero sí evolucionará la idea de que su función principal consiste en almacenar información. Diversos análisis coinciden en que las instituciones que prosperarán serán aquellas capaces de integrar la tecnología sin renunciar a su misión fundamental de investigación, innovación y desarrollo del pensamiento humano (Jin et al., 2025). La universidad del futuro probablemente se parecerá menos a una gran biblioteca y más a un laboratorio de ideas. Será un espacio donde estudiantes y profesores colaboren para generar soluciones inéditas, validar evidencia científica y construir respuestas para problemas que aún no comprendemos completamente. E igual de importante, la universidad del futuro vinculará la idea con su ejecución.

Quizá dentro de algunas décadas los títulos universitarios sigan existiendo, pero será solo un breve vistazo de la formación del profesionista. Su capacidad estará determinada por sus experiencias paralelas y su transversalidad. El verdadero prestigio de una institución no dependerá tanto de cuántos estudiantes gradúe, sino de cuánto conocimiento aporte a la sociedad o cuántos proyectos se materialicen en ella. Ya es casi más valioso saber lo que no sabes, que saber más. ([email protected])

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores, y por ello no corresponden necesariamente con las de esta casa editorial ni de su sitio web




DEJA UN COMENTARIO