El Desafío Energético de México (I)
26/06/2026
Expansión eléctrica
PRIMERA DE DOS PARTES
La expansión eléctrica mexicana puede redefinir la matriz energética, reforzar la seguridad del suministro y respaldar el crecimiento industrial, pero únicamente si generación, transmisión, gas natural y almacenamiento avanzan con una misma lógica de planeación. El reto principal no es la ausencia de proyectos, sino la falta de coordinación entre los insumos que convierten la capacidad instalada en energía disponible. Una planta sin red no puede entregar electricidad; un ciclo combinado sin gas pierde confiabilidad; una subestación sin transformadores no se energiza; y un sistema renovable sin almacenamiento reduce su flexibilidad operativa. La prioridad debe pasar de sumar nueva capacidad a garantizar la viabilidad física, logística y regulatoria de lo ya comprometido. México necesita un mecanismo interinstitucional que conecte cada proyecto con obras asociadas, fechas comprobables, responsables definidos y criterios técnicos consistentes. Sin esa articulación, la inversión puede quedar atrapada en cuellos de botella. La visión existe, pero sin ejecución sincronizada la transición energética corre el riesgo de permanecer en el papel.
México no enfrenta una carencia de proyectos eléctricos, sino una brecha de sincronización entre generación, transmisión, gas natural y almacenamiento. La expansión del Sistema Eléctrico Nacional muestra una paradoja: el país ha estructurado una cartera de generación ambiciosa que, bajo determinados supuestos de planeación, podría incluso superar algunas metas oficiales. Sin embargo, esa cartera parece avanzar a mayor velocidad que parte de la infraestructura que debe respaldarla. La revisión de adjudicaciones, planes de transmisión, diagramas unifilares y requerimientos de gas natural indica que la generación está trazada, mientras la red eléctrica y el transporte de gas todavía dependen de obras, permisos y calendarios firmes. La frase que mejor resume el diagnóstico es directa: la expansión está diseñada, pero no está sincronizada.
El primer elemento que confirma esta falta de coordinación es la ubicación geográfica de la nueva capacidad. De los 7,411 MW adjudicados, más del 60% se concentra en dos regiones con restricciones operativas relevantes: la Península y el Noreste. En la Península se asignaron 2,400 MW sobre una red con interconexión limitada, transformadores saturados y corredores críticos cerca o por encima de su capacidad. En el Noreste, los 2,100 MW adjudicados recaen sobre un sistema donde algunas contingencias N‑2 —la pérdida simultánea de dos elementos críticos— ya muestran incumplimientos operativos, y la subestación Monterrey Potencia opera al 97%. En contraste, regiones con mayor holgura —Occidental, Norte, Bajío y Noroeste costero— quedaron subutilizadas. Occidental apenas llegó al 20% de su meta y acumuló 16 procesos desiertos por restricciones de red. Esta asimetría evidencia una adjudicación poco alineada con la capacidad real de evacuación: la posibilidad de transportar la energía hacia los centros de consumo.
El segundo punto crítico es la transmisión. El plan nacional considera 154 obras para 2025‑2030, pero solo una parte menor aparece como terminada. El resto se mantiene en construcción o pendiente de licitación, por lo que buena parte de la infraestructura necesaria todavía depende de una ejecución puntual. Bajo el calendario previsto, la generación adjudicada entraría en operación entre 2028 y 2029, mientras varias obras asociadas podrían concluir hacia 2030 o después. Aun si las plantas avanzan conforme a tiempo, su interconexión dependerá de una red energizada y disponible. La falta de correspondencia entre ambos calendarios constituye uno de los principales riesgos del sistema.
A esta descoordinación se agregan los tiempos de entrega de transformadores de potencia. En el entorno actual de cadenas globales, estos equipos indispensables para subestaciones y líneas pueden requerir plazos estimados de 35 a 40 meses. Si las obras se licitan en 2026 y los equipos se contratan con retraso, podrían llegar hasta 2029 o 2030. La infraestructura eléctrica no puede avanzar más rápido que su componente más lento, y el transformador puede convertirse precisamente en ese elemento crítico. – (Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos)
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