OPINIÓN

Poder Político
22/06/2026

El balón

Qué paradoja, en el contexto de las conveniencia no hay actor público en la escena nacionalista que suba a sus redes sociales un mensaje de orgullo y convocatoria de unidad entre mexicanos por la sobresaliente participación de la selección en el mundial de fútbol, cuando por lo contrario ninguna armonía se tiene en los Poderes de la Unión, locales y municipales, situación de una confrontación que ancestralmente tiene a este país polarizado, sin permitirle conciliar los mejores acuerdos en pro del bien común.

La clase cogobernante hace caravana con sombrero ajeno en el único ecosistema que genuinamente acapara la atención de todos, independiente de los niveles socioeconómico, y que en este caso es el deporte; yendo por delante el fútbol, además de las otras disciplinas individuales como el boxeo, el ciclismo, la fórmula uno, clavados y otros tantos.

Aunque, por lo contrario, en asuntos trascendentales de Estado a diario se consignan incluso en tiempo real las confrontaciones a nivel de no darse de oportunidad a una deliberación que conduzca a encausar los argumentos para diseñar e instrumentar políticas públicas per se estructurales orientados a programas sociales, así como de infraestructura física; o bien la reconfiguración del marco constitucional y legal que abone a facilitar la coexistencia social en vez de acotarles sus derechos humanos.

Definitivo, subirse a la ola mundialista o en las olimpiadas se aprovechan con mezquindad desde las posiciones de poder público como distractor para ocultar las ineficiencias e incompetencias del común de estos en quienes se les confió la gobernanza corresponsable del país, en cada estado y los municipios para el cumplimiento documentado de un mejor entorno cimentando el andamiaje de una auténtica justicia social entre colectividades, a nivel de familias e individual.

En la realidad, poco o nada se tiene de lo comprometido desde una plataforma electoral hasta los planes nacional, estales y municipales de gobierno, aparejado con los congresos federales y locales con la atribución de gestar las reforma constitucionales y legales que hagan sentido par una mejor administración pública, que impacte a los satisfactores de bienestar, al igual que otorgar la seguridad jurídica a la inversión para detonar unidades de negocios con la inherente derrama al contribuir a oportunidades para el núcleo de la población económicamente activa, con sus implicaciones de un promisorio horizonte de vida.

El principal ejemplo de una real unidad debería reflejarse en que quienes se asumen como el gobierno del pueblo y también en los congresos como la mayoría legislativa, hagan a un lado el sectarismo absolutista de ser poseedor de único de la verdad en las decisiones de estado, para permitir ser receptivos, escuchar a esa minoría que aun con ideología contraria tienen igual aportaciones válidas que pueden incorporarse en ese mejor acuerdo posible para gestar las bases legales que permitan hacer posible la prosperidad para todos, reflejado en reducir las asimetrías regionales y entre la propia sociedad en su conjunto.

La armonía entre la clase gobernante de autoridades ejecutivas y legislativas exige que el interés del bien común prevalezca por sobre el de los particulares e ideológicos que en muchas de las ocasiones se da al revés; la constitucional naturaleza republicana, popular, democrática, laica, y federalista, debe ser la hoja de ruta para con una responsabilidad compartida más allá de las diferencias ideológicas, en el ideal de una lógica de que todos los actores públicos en sinergia con sus partidos políticos proponen el mismo objetivo de una mejor nación, progresista o próspera. El concepto pasa a un segundo plano cuando se entiende que en el papel todos pugnan por lo  mismo, aunque una vez en la posición de poder se olvidan del juramento que les compromete para desviarse a intereses facciosos.

Quienes se asumen como políticos y sus respectivos entes partidista deben tener en cuenta que en los hechos le tienen discriminada a esa sociedad a la que convocan a estrechar lazos de hermandad para apoyar la selección en un mundial del cual México es sede, aunque la euforia para nada les hace olvidar este sentimiento de repudio popular que por igual en todos los muestreos de las encuestas como representantes populares ocupan el último lugar; una condición vergonzosa que les debería ocupar, sobre todo cuando por décadas figuran los mismos rostros nombres y apellidos, incluso de los herederos; la gran mayoría están sólo de paso al no ser parte de esa burbuja en donde coexisten quienes dominan y toman decisiones según sus conveniencias.

[email protected]

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores, y por ello no corresponden necesariamente con las de esta casa editorial ni de su sitio web




DEJA UN COMENTARIO