OPINIÓN

Poder Político
29/06/2026

Podredumbre

Por qué esperar a que se dé la solidaridad y cooperación internacional en fenómenos naturales catastróficos como los que hubo en este 24 de junio en Venezuela, devastado por 2 sismos casi en paralelo con los consecuentes daños materiales y miles de muertes; y por lo contrario en condiciones de normalidad no se dan la oportunidad para instrumentar este mismo binomio asociado que sobre el entramado geopolítico tuviera como objetivo la contribución de abatir las asimetrías socioeconómicas de desarrollo encausadas a regiones de alto rezago.

Aunque no es la primera ocasión ni será la última que evidencie el nivel de rencor y odio en una alta gradualidad de mezquindad llevado al punto de involucrar diferencias ideológicas entre grupos facciosos entre naciones; mientras que el territorio afectado encara la dicotómica realidad de un abandono por parte de sus autoridades para recatar sobrevivientes debajo de los escombros, un repugnante vacío que como suele ocurrir, ocupado por la ayuda internacional predominante de sus sociedades, las brigadas especializadas de rescate al mayor número de personas.

Nada más no se puede hallar consentimiento alguno para que por redes sociales hayan incluso desde México manifestaciones irracionales de confrontación de quienes son afines al atroz régimen chavista venezolano con la pretensión de polemizar con María Corina Machado, en tanto los «Topos» se trasladaron con recursos propios en el afán de sumarse a esta noble labor.

La presidenta venezolana en funciones, Deicy Rodríguez Gómez y su gabinete, en vez de admitir la ayuda alimentaria y de rescatistas de colectivos sociales y otros países la rechaza, además de acuartelar al ejército, así como prohibir acceder a las zonas en ruinas como La Guaira, la sociedad se obliga a usar  sus propias manos en acto heroico por buscar de entre los escombros a los suyos, al tiempo que de a poco se suma ayuda esta sí equipos experimentada en las situaciones desafortunadas.

La capital mexicana susceptibles a los movimientos tectónicos registra tres acontecimientos con un alto grado demoledor, comenzando por el «Sismo del Ángel» acontecido el 28 de julio de 1957, cuando el monumento de la Victoria Alada que se vino abajo; seguido por los acontecidos en 1985 y en 2017, ambos coincidentes un 19 de septiembre.

El de ese amanecer en jueves de 1985 ha sido sin duda el más destructivo para el corazón político mexicano con el foco en el cuadrante del Centro Histórico, en donde demolió entre otros al emblemático Hotel Regis. Sin embargo, el entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado mostró que la investidura no era para él al asegurar que nada pasaba ni se requería ayuda alguna. Fue el colectivo ciudadano el que se unió para rescatar a sus familiares y amigos, apoyados por el entorno internacional;.

Justo en este momento de profundo duelo emergió un grupo de voluntarios que ha trascendido en el tiempo ha llevado su ayuda a otras naciones en desgracia, esta ocasión esta convicción les tiene en Venezuela.

Situaciones como estas no admiten una antipatía escalada al ámbito ideológico cuando lo que debe importar es apoyar con acciones a una nación que ancestralmente ha sido rehén de conflictos políticos facciosos, los que acentuados desde 1999 le llevaron a una desgarradora pobreza extrema, una dictadura que alejados de los ideales del progresismo del régimen tuvo una política la persecución de personajes incómodos que terminaron en prisión, el delito de disentir y pugnar por la genuina justicia social y democracia. 

Las catástrofes por fenómenos naturales no se pueden evitar, las ha habido y seguirán pero lo que debe tener un freno son los conflictos bélicos por territorios y su riqueza en petróleo sumado a los minerales concentrados en las denominadas tierras raras, para orientar esa grosera billonaria cantidad de dinero a apoyar a civilizaciones con lastimosas carencias, a partir de una justa inversión para detonar polos de desarrollo económicos y elevar la calidad de vida de esas naciones en las que igual sus habitantes son reprimidos; sobresalen países africanos y caribeños, como Haití en donde la población  por sus circunstancias de hambruna vive en los huesos, sobre todo los niños; carentes de los satisfactores para subsistir aun con los sismos que igual le han pegado a su territorio.

Los líderes religiosos en donde la principal voz procede del Vaticano y el papa León XIV no cesan en un llamado a la paz entre las naciones, un clamor a la geopolítica controlada por los Estados Unidos de América que tiene ahora como antagonista a China, una potencia económica con una sólida a nada de alcanzarle y superar.

Qué sentido tiene que se firmen compromisos entre el selecto Grupo de los 7 que incluye a los Estados Unidos de América, Canadá, Japón, Alemania, Inglaterra, Italia y Francia, así como la Agenda 2030 de la ONU, cuando saben que en los hechos van a cumplir ninguno. Objetivos trascendentales incluso tecnológico de sustentabilidad ambiental ahogados por las conveniencias e intereses egoístas.  

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